Una visión desde la alcantarilla
El poemario Mariquita de Mateo Diosque me hizo pensar en la poesía como una forma de comunicación. Antes no la había pensado así sino como “un decir lindo”, perdón a la gente del palo si estoy diciendo obviedades. Esa forma de comunicación implica algo que tiene que ver con la belleza.

Mariquita (Inflorescencia, 2022) Mateo Diosque
Una nota al pie que tengo que hacer urgente es que noto que hay cierta búsqueda en que me hayan convocado a mí –que no soy ni escritor ni un gran lector de poesía– para presentar estos textos, y que esa búsqueda va por fuera del texto. Porque el autor es un chico con coño, el editor es un chico con coño, y yo mismo, ahora puesto en lugar de crítico cultural, soy un chico con coño. Lo noto como un gesto que dice: “ey, miren que acá estamos, escribiendo, editando y comentando”.
El libro es un dispositivo original porque es una segunda edición entre la que se produce una transición del autor (de Macarena a Mateo “y todas las veces la constelación que me habita entre una y otro”). Eso queda testimoniado en el objeto físico. Incluye ese registro, esa aclaración, la de la importancia de no borrar las marcas de la historia propia, porque eso sería perder la memoria. Importante hablar de memoria ahora que volvemos al Fondo y circula el dicho de que a los zurdos “los van a salir a buscar”. Esa inclusión que comento lo hace un objeto muy original y el autor es consciente. Mateo dice en una nota al inicio “es mi deseo que este gesto abra puertas para otras personas”
Para pensar esto de la comunicación en la poesía, o de la poesía como comunicación, me sirven los versos esos famosos de Alejandra Pizarnik, los de su poema 23:
Una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo.
La rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos.
¿No podía Pizarnik haber dicho “lo marginal también es válido, chicos, ah y porfa, no me arranquen las flores que la belleza es contemplativa”? ¿o “la belleza está en lo natural, el camino convencional es el del artificio y el camino de lo natural es el rebelde”?
Menos mal que era poeta y no antropóloga. Porque sería imposible causar ese impacto que produce la poesía con otro tipo de escritura. Con la poesía hay comunicación pero es sugerida, es sutil y tiene muchos sentidos posibles. Hay también un sentido de la belleza entre las palabras que se impone en primer plano, quedando “lo comunicado” como entorno, y algunas veces como algo a descifrar también.
¿Por qué la poesía es bella? ¿Por qué nos resulta bella? Incluso cuando trata de incomprensión y odio.
Los versos del poema 23 y la idea del poeta como comunicador me vienen al pelo para presentar este libro. Mariquita se compone de treinta poemas, que saca el sello Inflorescencia de Tucumán.
Hay golpes de sentido que produce Mateo que son parecidos a los de Pizarnik en ese poema y en su escritura en general. En especial por lo de “la mirada desde la alcantarilla”. Y por los temas. No hay lugar para lo cotidiano y lo ordinario. Todo es trascendental.
Pero el camino que hace Mateo para producir sentido es otro. Si el de Alejandra es el camino de la cabra, el de Mateo es el opuesto: el camino del felino que es más directo: va sin vueltas desde el acecho hacia la presa. Con esto de directo podríamos pensar en el discurso periodístico (o cualquier otro que se presente como objetivo y descriptivo, como llano, directo y chato, que pretende decir de la cosa lo que es y punto). No es el caso de la escritura de Mateo. Porque es directo pero florido, luminoso y profundo (quiero escribir un poema/que se parezca al cariño/también de mi tía). Superficial pero también reflexivo. Particularísimo pero a la vez universal. Comunica sobre un camino que transita los nuevos registros de las relaciones (me siento/el punchingbag/del poliafecto/dale wachi/dame un poquito más fuerte/ y también a veces/me siento/alimento balanceado/de la deconstrucción). Dice alosexualidad, dice transtorta, dice “vínculos”, y no como lo diría Wikipedia, en ese sentido puede ser un buen testimonio de nuestros días.
Me quedo con dos cosas.
Lo primero es que, al menos en los primeros poemas del libro, nos encontramos ante una escena emocional del desaliento. Incomprensión más que odio. Desajuste más que adaptación. Si de algo sabemos los trolos y los putos en general, es del odio y la incomprensión, y de miradas desde la alcantarilla (por supuesto que miradas mal cogidas con el mundo) porque el otro es insistente con hacernos sentir fuera de lugar.
Los que me atacan y tiran hate en redes son los mismos que cuando tienen un mal día patean a un perro que se les cruza en el camino. A veces siento que yo soy el perro, por eso es difícil contestar siempre con altura e intentando darle amor al que viene a buscarme por odio. Los trans nos corremos del camino principal y son los otros los que muy pronto nos hacen sentir el desvío. Me he sentido identificado con muchos de esos poemas de la primera parte porque me sirven también como miradas alternativas de mi propio camino.
Y lo segundo, que es algo que comparto con Mateo es que siento que no podría vivir sin contar mi historia, hay algo de identidad que se resuelve con la comunicación. Unos versos suyos dicen “que no te incomode/mi manera/de darle cuenta/ al mundo/de que existo”. El reconocimiento y la validación que todos buscamos (aunque nueve de diez personas digan que no les importa lo que digan los demás, no lo pensaron demasiado me parece, es importante ese reconocimiento del otro). “Ya no hay espacio para mí/en todo ese deseo adoctrinado” dice en el poema ocho y estamos en la misma.
El marica en la alcantarilla
El yo que escribe esa primera parte, de esa escena emocional que les decía, está decepcionado del mundo y enojado (consigo mismo también, con su cuerpo, con la vivencia personal de su cuerpo y la vivencia de su cuerpo sobre la que pesan las expectativas de los demás). Es algo que todos los que formamos parte de la comunidad entendemos y conocemos bien. Otra nota al pie a colación de esto, esto nunca le he contado a nadie: cuando tenía siete años y era una gordita que prefería jugar con autitos que con muñecas, un grupo de amiguitas me hizo una intervención para criticarme el tipo de ropa que elegía: en su visión yo tenía que vestirme más como nena. Siete años y ya son tus pares los que intentan disciplinarte ¡imaginate los padres, los abuelos, los maestros, los médicos!
Hay movimiento. No se queda el libro en esa escena emocional del principio. También hay combatividad. Uno de sus versos que más me gustaron son unos que dicen “yo/no escribo/poesía/para poetas/lo mío/ son cartabombas/ declaraciones/de guerra”
Todo marica nacido antes del 2000 sabe lo que es mirar el mundo desde la alcantarilla. La violencia era tan terrible como ahora y peor todavía porque no daba vergüenza. Algo de eso vemos en las redes en donde resulta más gratuito.
Capaz les parezca pete pero me interesó la poesía puesta en una línea del tiempo desde la prehistoria hasta nuestros días. En lo que cada civilización hizo con la poesía: ¿qué hacían los egipcios, cómo la entendían? ¿los babilónicos y sumerios? ¿los vikingos? En la serie vi que eran como historiadores para ellos. ¿Qué hacían nuestros pueblos latinoamericanos?
Y nosotros, en el presente, que no somos occidente aunque algunos gringos nos quieran hacer creer que sí: ¿qué hacemos nosotros con la poesía?
Hace doscientos años era un lugar común que la escritura de poesía sea esperable de un político candidato a presidente y hoy el lugar común señala que el poeta es más bien un outsider, un muerto de hambre, un inadaptado en el sentido productivista capitalista, ¿qué ha pasado en el medio?
Algo más que le valoro a Mateo es que su repertorio de palabras hace que uno piense “yo también puedo escribir” y eso es valioso. Es una escritura visceral, terrenal, accesible, que no deja a los lectores afuera y eso se agradece.
Demoran en ir a sentir lo que Mateo quieren comunicarles, sobre todo en estos días que vivimos, con su bella escritura poética. Muchos me sonaron como música en la mente así que no me sorprendería que pronto aparezcan hechos canción.
Sacar belleza del odio y del horror ¿qué es eso sino buena literatura?
por Nasira Tévez
Artista exótico e influencer