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Sobre Crónicas del litio. Sudamérica en disputa por el futuro de la energía global – Ernesto Picco (Ediciones Futurock, 2022)

No lo ves, pero ahí está 

Esteban Brizuela

Cuando ponemos el foco en el proceso de la conquista/colonización de América nos solemos sorprender con el despojo del oro y la plata de esta región, que se sintetizan en lo que sucedió en Potosí, la mina de oro más abundante con la que se encontraron aquellos conquistadores aventureros, quienes vinieron a “hacerse la América” cuando el continente aun no llevaba este nombre. Soñaron con riquezas inconmensurables en el imaginario “El Dorado”. Muchas veces encontraron lo que buscaban. Otras tantas se quedaron con las ganas. En algo de todo esto, salvando las distancias y las épocas, pensamos cuando leemos el libro que vamos a comentar. 

Entre las virtudes que puede tener un buen libro está la de despertar el interés de un lector que, en principio, no se interesaba por la temática que trata. Y esa fue la experiencia de quien escribe estas líneas, porque, de entrada, el “tema del litio” me resultaba totalmente ajeno. Y, por consiguiente, desconocido. Pero si el buen periodismo sirve para entender, Crónicas del litio de Ernesto Picco cumple aquel principio con eficacia. Nada mejor que lograr entender algo acerca de lo cual no sabemos casi nada. Y en el medio, disfrutar del proceso.  

Tal vez las respuestas al gran interés que, en estos últimos meses, el magnate Elon Musk ha mostrado sobre lo que sucede en Argentina estén en este libro. No es casualidad que el dueño de una empresa (Tesla) que produce autos eléctricos tenga los ojos fijos en uno de los países que conforman el llamado “triángulo del litio”, junto con Chile y Bolivia, por poseer, entre los tres, el 80% de las reservas del mundo de este mineral. Tampoco es causal que Musk se entusiasme con Argentina en un momento histórico en que el presidente electo ha colocado a los empresarios en el panteón de héroes a venerar. 

Pero vayamos a las preguntas más básicas, y que suelen ser las más reveladoras: ¿qué es el litio y por qué es importante para el país y la región? Los expertos explican que el litio es un polvo cristalino, similar a la maicena, en el sentido en que es muy ligero y que consta de mucho volumen, pero poco peso. “El problema con el litio es que no lo ves”, dice Picco. Y agita sueños de riqueza y prosperidad porque se trata de un mineral con alta conductividad y capacidad de almacenamiento de energía. Y además de utilizarlo en las baterías que alimentan la energía de autos eléctricos, lo hace también con teléfonos móviles, paneles solares y molinos eólicos. ¿Y en dónde se encuentra el litio? En la salmuera depositada bajo la superficie de los grandes salares que tenemos en provincias como Catamarca, Jujuy y Salta. En medio de esos espejos blancos en los que se confunde la superficie con el cielo, está aquello que quita el sueño de quienes ven ahí un negocio formidable.  

Picco cuenta que la escritura del libro se sostiene en un recorrido en el territorio realizado entre 2020 y 2022, cuando aún había que moverse con barbijos como consecuencia de la violencia de la pandemia. Un recorrido que incluye viajes en autos, camionetas, colectivos, aviones, y que posee trayectos narrados exquisitamente, como el raid por el desierto salitroso arriba de una Mercedes Sprinter, con un poblador de Antofagasta de la Sierra (Catamarca). Justamente la crónica comienza en esa localidad, en el centro de la puna catamarqueña, a 4000 metros sobre el nivel del mar. Allí está el Salar del Hombre Muerto, en donde está asentada la empresa que formalizó la primera explotación de carbonato de litio en Argentina, gracias al viejo caudillo Ramón Saadi, que dio entrada a dos empresas norteamericanas. Otro punto atractivo es el relato del viaje en colectivo por el desierto de Atacama. Son como 20 horas, con barbijo puesto, hasta llegar a San Pedro, que es la entrada por el norte al Salar de Atacama. Un lugar en el que, según nos cuenta Picco, uno llega y desde un primer recorrido por la ciudad se percibe el aire de lucha. Lo que se lee en las paredes de las calles resulta muy sugerente: “El cuerpo del delitio. No es desarrollo, es saqueo”. Ahí tenemos presente el ingenio callejero, como en el mayo francés del 68.   

Pero el de Catamarca y San Pedro son solo dos de las fuentes de litio analizadas y visitadas por el autor. Picco también viaja hasta el extensísimo Salar de Uyuni (Bolivia) y las Salinas Grandes (Jujuy y Salta). Se dirige hasta estos lugares y observa con todos los sentidos, habla con los pobladores, pregunta a los especialistas, lee a científicos que escriben sobre el tema, analiza las acciones de los políticos que toman decisiones vinculadas a estas explotaciones. Es decir, trata de armar el rompecabezas. De saber quiénes ganan y quiénes pierden. Quiénes mienten o, al menos, disimulan verdades. Pero, sobre todo, nos muestra los grises, porque no se trata de historias en donde, cual narraciones de súper héroes, haya en todos los casos justos y víctimas claramente identificables. En ese sentido Picco no responde a todas las preguntas, porque en verdad no hay respuestas definitivas a las preguntas que quedan flotando. Los conflictos que narra Picco en esta crónica de ninguna manera están resueltos. Son conflictos en curso. 

Un punto interesante que aparece a lo largo del texto son las historias de las resistencias puesto que, como sabemos, junto a la historia del avance de las multinacionales sobre los recursos naturales de países latinoamericanos, tenemos siempre el freno que ponen los pobladores a esos avasallamientos. Y esas luchas también se visibilizan en el libro. ¿Quiénes son los que resisten? Allí son mencionados con nombre y apellido, con la descripción de sus caras y expresiones, de sus trayectorias y estrategias de lucha. Por ejemplo, la historia de Alfredo Morales en Antofagasta de la Sierra. O la de Manuel Salvatierra, líder de los Pueblos Atacamaqueños en Chile. O la de Liborio Flores, vocero de la mesa de Pueblos Originarios de Salinas Grandes que se organizó en 2010, en Jujuy. Fruto de la narración de estas resistencias queda en evidencia la diferencia abismal que existe en la organización de pueblos indígenas en Chile en comparación con Argentina. Una diferencia notable. Mientras unos tienen aceitadas estrategias de lucha y negociación, en Argentina estamos mucho más improvisados en ese sentido.  

Y así como Picco observa con agudeza las luchas de “los de abajo”, también lo hace con el juego de ajedrez de “los de arriba”, de los poderosos, de los dueños del capital. Entonces emergen los grandes jugadores en disputa. Una cosa interesante que nos dice el autor es que, más allá de la competencia entre Estados Unidos y China, los grandes jugadores en el mapa argentino son dos: Australia y Canadá. “El embotellamiento de empresas empujando para entrar es fenomenal y está produciendo una gran transformación”, dice Picco. 

Por otro lado, o mejor dicho, junto con la trama empresaria, está la trama política: los entuertos de Sebastián Piñeira al final de su presidencia en Chile, el trasfondo de la pelea por el litio en el golpe de estado en Bolivia en contra de Evo Morales en 2019, los tweets del entonces gobernador norteño, Gerardo Morales, invitando a Elon Musk a invertir en Jujuy, son algunos eslabones de las acciones políticas en las que quedan reflejadas las ambiciones y proyectos de líderes políticos y sus consecuencias concretas en la vida de estos países. Pero, así como hemos marcado las diferencias en cuanto a la magnitud y organización de la resistencia de pueblos originarios, también existen distancias en la forma en que los estados gestionaron y gestionan la explotación del litio. En Bolivia y Chile fueron declarados recursos estratégicos. Es más, Bolivia nacionalizó el recurso. En 2017 se fundó Yacimientos de Litio Boliviano. En cambio, en Argentina es un recurso ordinario. Lo cierto es que esto muestra la distancia entre países de la misma región. Tan parecidos y tan diferentes.  

Y hay una cuestión que se nota en el libro: el periodista aprende junto al lector. El camino de aprendizaje es de a dos. No se trata de un especialista explicando a un lego, más bien esto se parece a la invitación al lector a aprender juntos.   

Por último, en tiempos del “no la ves”, reivindicamos el lugar de la mirada. La mirada profunda. Analítica. Sensible. Que vaya más allá de lo supuestamente evidente. La mirada que, en este caso, penetra en todo lo que se deriva de esas piscinas gigantes de evaporación que se erigen en medio de los inmensos salares. De allí se extraen sodio, magnesio, potasio, y carbonato de litio. De allí nacen sueños estrafalarios de riquezas. Algunas claves de nuestro futuro, y de cómo diagramemos ese porvenir, están en este libro que intenta parar la pelota, escuchar y pensar con la coyuntura, pero también por encima de los límites de la coyuntura.

Parar, mirar y escuchar. Es lo que nos hace falta.  

https://linolibros.com/producto/cronicas-del-litio/

 

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