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Mecerse

   Hemos llegado a la fiesta, algunos estamos como queremos, otros andan buscando estar como quieren, y muchos tratando de definir cómo quieren estar.

   La fiesta es “Caramelo” el flamante álbum de estudio que lanzó a las plataformas digitales la banda santiagueña Fantasmas de Nadie el 5 de diciembre de 2024. Esta producción de ocho canciones es su primera obra en formato LP, que luego de distintas fases de desarrollo sale a lo abierto para deleite de sus seguidores y de nuevos espectadores que irán siendo seducidos.

   Como toda fiesta, que es una narrativa del sentir y pensar, tiene su inicio, desarrollo y final. En este caso cada uno de esos momentos puede ser percibido de manera nítida, aunque no seamos demasiado conscientes de ello en el remolino nocturno del baile, las emociones, los sentimientos y todos los estímulos que se van sucediendo de manera real o imaginaria.

   Al llegar al lugar nos vamos acondicionando con un mid-tempo el cual en un rango de variadas velocidades será el que reine en gran parte de la obra. Bases rítmicas atractivas, melodías principales muy bien ensambladas con estas bases y unos colchones sonoros que terminan de definir los climas. Este hilo se mantiene con variedad y con elementos que se van dando la mano de una canción a otra y funcionan muy bien para inducir un estado de concentración mantenido en un tiempo considerable, una suerte de estado hipnótico, algo muy favorable a toda creación musical que pretenda ser mucho más que música de fondo. Con la atención del espectador gobernada están dadas las condiciones de base para que el camino de sonidos que propone la banda pueda ser vivido con la intensidad que merece.

   Con esta inercia los cuerpos de las personas tenderán a expresarse de una forma que será casi una constante en lo que dure el álbum, y que es lo mismo que sucede en las presentaciones en vivo de este grupo: el mecerse. Me refiero a una manera de bailar relajada y simple de casi nulo desplazamiento que consiste en balancear el torso, los brazos y la cabeza a través de un movimiento repetitivo de las piernas, esa dinámica que siguiendo la base rítmica hace que el cuerpo se mueva de un lado a otro pero manteniendo la posición. Este mercerse es uno de los signos más notorios que dan cuenta de la hipnosis producida por la música de este grupo. Con otras músicas el cuerpo tiende a manifestar el mantenimiento de la atención de manera diferente, por ejemplo se muestra más quieto cuando hay mayor concentración en un concierto de música clásica, o está el caso de los movimientos de cabeza de los espectadores de una banda de hard rock o metal. Así podemos seguir pensando la multiplicidad de tendencias de formas de expresión que tienen los cuerpos ante la atención, las emociones y sentimientos que les generan las diversas obras musicales, pero en el caso al que referimos es bastante evidente que lo más representativo es este “mecerse”. Y se trata de un mecerse libre, a gusto y piacere, de acuerdo a las olas emocionales internas propias de cada persona o de cada grupo.

   Advirtiendo cómo se completa un sentido entre la música y las letras podemos decir que es un espacio para permitirse, en el lugar que cada uno ha hecho suyo, el dejarse llevar por la inercia del viaje sonoro que es la historia de una fiesta que te invita a apostar por lo genuino y no ser como los “tilingos” que buscan asfixiar al ser para solo parecer: “¿Qué hay detrás de tanto humo?”; “Habla como un santo y guarda un diablo en el placar”. Claro, algunos tilingos (algunos chetos, algunos snobs, etc.) también asisten a la fiesta, y los menos insensibles, con suerte, se verán conflictuados por el arte. En esta libertad también hay una invitación a lo dionisíaco: porque la tragedia, se la note o no, cinética o potencial, desplegada o latente, siempre está presente en toda celebración; o porque el caos, la ausencia o pérdida de control, siempre se abre camino en todo plan y forma preestablecida y, a veces, hace bien las cosas.  

   En este álbum, en esta fiesta, en este baile, claro, se destacan las luces que iluminan la presencia de los caramelos que unos proveedores multinacionales reparten, esos que nos tienen hipnotizados con pantallas, empujándonos a scrollear vidas-productos. Como habíamos dicho “Caramelo” es el título del álbum y grafica un signo de esta época: la búsqueda de la satisfacción inmediata de deseos simples, la rápida liberación de dopamina, serotonina y demás. Se pinta un paisaje donde reinan los caramelos de la vida, lo que nos puede hacer pensar (y esto es netamente un agregado interpretativo) en parte de lo que traen consigo, como pueden ser los estados ansiosos, o la poca tolerancia a la frustración. Una situación que produce un gran agotamiento mental y a la vez el impulso de seguir buscando más satisfacción inmediata, porque el detenerse produce la sensación de estar perdiéndose de algo importante (siendo esto falso la enorme mayoría de las veces). El mar nunca se acaba y siempre hay nuevos caramelos para ingerir.

Un reflejo fiel

Podemos ensayar una clasificación de tipos de álbumes de estudio realizados por bandas musicales de la siguiente manera:

  1. Los que alejan mucho del sonido que la banda tiene en vivo, haciendo en un caso y en otro versiones claramente diferentes, incluso llegando hasta el punto, algunos artistas, de afectar gran parte de lo que podríamos llamar la esencia de la canción, es decir los puntos más característicos.
  2. Los que están cerca del sonido que la banda tiene en sus shows pero desarrollando diferencias significativas en detalles (algunos más distinguibles que otros) aprovechando el marco que proporciona la grabación: el contexto técnico, el sentido estético y las posibilidades tecnológicas. En este caso las canciones tienden a mantener sus elementos más característicos en sonido y composición.
  3. Las producciones que tienen un sonido muy similar al de la banda en vivo, funcionan casi como un reflejo del sonido de un show de la banda.

   Cada una de las tres categorías anida sus desafíos pero por varias razones se puede decir que a nivel técnico la tercera es la más difícil de lograr.

   Caramelo es un álbum que por sus propiedades técnicas y artísticas podemos ubicar en la tercera categoría. Han logrado a través de las condiciones necesarias generar un sonido que se percibe bastante similar y representativo de lo que es Fantasmas de Nadie en vivo. Me parece un gran acierto al tratase de una banda con varios integrantes, aprovechando que esta condición les permite expandir la variedad de texturas sonoras simultáneas y sucesivas, además de la distribución de arreglos entre los diferentes instrumentos para la orquestación de las canciones.

   Entre las condiciones necesarias para lograr ubicarse en la categoría a la que referimos están: la muy buena ejecución de los instrumentos por cada uno de sus músicos, la indicada producción artística, y la inversión en tiempo y recursos tecnológicos y humanos de muy buena aptitud para lograr un sonido de gran calidad técnica.

   Los órganos de la banda son los siguientes: Francisco Carrizo en baterías; Benjamín Paz en bajos; Juan Pablo Barrionuevo en guitarra eléctrica líder; Francisco Garay en voz líder, guitarras acústicas y eléctricas base, armónica, arpa de boca y percusión; Salvador Garay en voces y trompeta; Luján Fiad en voces; Maximiliano Lastra en percusión; y Patricio Petros en teclados, sintetizadores, programaciones, coros, percusión y guitarra eléctrica base. También se sumaron músicos invitados: Gonzalo Velázquez en guitarra eléctrica en “Caramelo” y Emmanuel Rotondo tocó la guitarra acústica en “La TV”.

   El trabajo de producción artística estuvo en las buenas manos de Patricio Petros encauzando las potencialidades de la banda y las muy buenas creaciones de Francisco Garay (el espíritu artesanal y comunitario culpable de la composición de músicas y letras de todas las canciones contenidas en el material).

   El álbum fue grabado en múltiples estudios: 440 Estudio, de Córdoba; y de Santiago del Estero, El Depto. Estudio, Black Box, Sonidos del Estero. La mezcla y el mastering estuvieron a cargo de Pablo Peyrano, de Buenos Aires. Los reamps de guitarras y grabación de guitarras acústicas fueron un trabajo de Emmanuel Rotondo. En el comando de grabación de baterías estuvo Gastón Federici. Juan Antuz se ocupó de la grabación de la percusión. La edición y la post producción la realizó Patricio Petros.

   Para completar la obra en el diseño de portada trabajó Ezequiel Cavadini.

Cuando se elige lo global

   Lo global y lo regional se encuentran en constante interacción y en este caso es la ciudad el territorio de tal dinámica. Santiago del Estero es una provincia con un gran desarrollo de la cultura regional, sobre todo de la música. Se trata del lugar donde florecieron la chacarera, el gato, la zamba, el escondido, la vidala entre otros géneros folclóricos. En este contexto de regionalidad cultural tan fuerte algunas veces se promueven prejuicios y presiones sociales sobre qué es lo que un músico “debe tocar”, todo desde la idea falsa de que solo las formas regionales pueden construir identidad cultural; y también desde la imposición de que un artista, si quiere ser digno, debe trabajar para la llamada identidad cultural y no simplemente desde su carácter personal como creador. Primero tenemos que decir que ninguna identidad cultural es algo con esencia inmutable, y desde hace siglos que todo folklor se construye con una fuerte influencia de lo global, por ejemplo las estructuras armónicas de la chacarera y de los demás géneros que mencioné son propias de la música clásica. La rítmica, que es lo más original, ha seguido un camino más complejo y difícil de rastrear, pero podemos ver que las hermosas polirritmias tan particulares de las métricas 6/8 con 4/4 y sus equivalentes y variantes son similares a músicas de otros países latinoamericanos, e incluso podemos encontrar ritmos similares en músicas de África y de Europa. Se puede decir que toda la música de América es consecuencia de la interacción entre las culturas de los pueblos originarios, de África y de Europa. Los caminos de las influencias son muy complejos, entonces resulta muy negativo para el enriquecimiento cultural defender dicotomías con falacias y falsedades del tipo global-regional. El prejuicio que incita a las personas pensar que lo global es lo único que debe hacerse y se debe despreciar lo regional es tan dañino como el prejuicio opuesto. Es importante hacer sonar una alarma mental cada vez que alguien desliza en el discurso el “deber”. También es importante considerar que por la complejidad propia de las influencias culturales no sabemos cuándo puede surgir un nuevo género musical como consecuencia de la interacción de lo global con lo regional. 

   Existen diferentes necesidades socioemocionales de acuerdo a la diversidad de contextos y a las características de carácter de las personas en su interrelación con su contexto. Algunas necesidades socioemocionales nos acercan a escuchar y hacer músicas más globales, otras, en cambio, nos llevan hacia las músicas regionales como el folclore o el tango. Ambos casos dan posibilidades de expresión muy valiosas. Por eso es que en relación a lo que se puede llamar cultura argentina o la construcción de identidad cultural de una región artistas de músicas más globales como Manal, Leo Dan, Charly García, Spinetta o Los Redondos, son tan valiosos como las creaciones musicales más regionales de artistas como Olvaldo Pugliese, Juan D’Arienzo, Enrique Santos Discépolo, Astor Piazzolla, Los Manseros Santiagueños, Jacinto Piedra, o Peteco Carabajal.

   Fantasmas de Nadie sin seguir ningún tipo de deber ha decidido hacer géneros globales, y es algo que en un contexto de presiones y prejuicios toma un valor especial. Su música es de corte rock-pop con contactos con el funk rock, elementos de la música electrónica y del rock psicodélico, entre otras hibridaciones. Muchas obras globales de calidad tienen en sus elementos constitutivos ingredientes regionales que le dan su particularidad más allá del carácter estético personal de los artistas. En esta banda podemos encontrar esos ingredientes en las formas de cantar (acentuaciones y modulaciones), en algunos desarrollos melódicos y rítmicos y en cierta manera de concebir la orquestación, características que son parte de una impronta que se viene desarrollando en la muy variada escena musical de Santiago del Estero.

Sonar frescos

Quisiera marcar que esta es una banda que tiene un sonido fresco, o en otras palabras, moderno. Hay dos maneras de sonar fresco, una es utilizando las fórmulas más actuales de una época, y la otra es tomar ciertos aspectos de distintas épocas en una buena combinación. En esta última se encuadra Fantasmas de Nadie en su álbum y es a lo que nos vamos a referir como “fresco”, “moderno” o “vigente” de aquí en adelante.

   Quiero aclarar que algunas veces la categoría de “bueno” en estética es una valoración que se aplica sobre algo que se puede mostrar más no conceptualizar. Se puede conceptualizar y argumentar sobre qué es un buen ritmo, existen herramientas para comprender qué es una buena armonía, pero creo que no se puede conceptualizar y argumentar sobre qué es una buena melodía. Es posible mostrar una buena melodía, describirla y evidenciar el efecto que tiene en las personas, pero no podemos explicar por qué es buena, es un límite del lenguaje y de las lógicas que utilizamos. Quizá la melodía sea más cercano a lo emocional y sentimental y lo rítmico y armónico sean aspectos que tienen mayor contacto con nuestra parte más racional.

   Así también es imposible explicar de manera completa, suficiente o satisfactoria por qué artistas de un tipo de música tienen una manera de sonar considerada “buena”, en el sentido de un nivel de calidad más allá de lo simplemente correcto. Por ejemplo, qué era lo bueno de Vivaldi que otros compositores de su época que también cumplían con todo lo correcto no tenían y que hizo resurgir y le dio masividad a su música en el siglo XX. Lo que podemos hacer es describir la manera técnica en que funciona y seguir el derrotero de los efectos sociales que ha tenido. Algunos artistas suenan de forma “buena” porque ellos mismo logran fundar su forma como buena, se trata de casos sumamente excepcionales. Otros son calificados así porque han podido reproducir aspectos fundamentales de alguna forma ya fundada agregándoles particularidades que son consideradas valiosas, es la situación más común. En ambos casos, aunque en diferente grado, lo bueno y lo valioso tienen que ver con dos características fundamentales: 1) sus creaciones lograron ser atractivas para la generalidad de un determinado público; y 2) estas obras lograron generar cambios profundos, emocionalmente significativos, inspiradores y de múltiples e interesantes lecturas en una determinada cultura o en varias, de manera tal que dejan una huella enriquecedora que perdura en el tiempo. Pensando estos factores se pueden establecer grados (aproximados, nunca exactos), zonas y épocas de influencia de las creaciones artísticas. Se trata de características que siempre son relativas a cánones de valores y criterios cambiantes a lo largo de la historia y legitimados en una o unas determinadas culturas y sociedades. Es patente que la aplicabilidad de estos criterios alcanza a las obras que han tenido las condiciones óptimas para una suficiente difusión, por lo que determinantes como las estructuras geo-político-culturales de centro-periferia y otras desigualdades en condiciones materiales y sociales de base juegan un rol crucial para la valoración en los sistemas culturales.

   Considerando estas cuestiones podemos entender cómo se establecen maneras de sonar que son más modernas que otras, de qué manera se definen sonidos que se mantienen vigentes. Para entender esto desde un caso arquetípico, podemos observar lo trascendental que ha sido en la historia de la música desde el siglo XX hasta la actualidad la configuración del sonido de rock clásico y hard-rock que generaron bandas como Led Zeppelin, Deep Purple y Black Sabbath a fines de los sesenta y principios de los setenta, logrando condensar y definir varias ideas que estaban ya sueltas en artistas anteriores y fundando novedades importantes en modos de composición, ejecución, en tímbrica y en el sonido general. Eso determinó un sonido que ha atravesado con cierta vigencia varias décadas, encontrándose muy cercano a bandas de los ochenta y noventa como Guns N’ Roses o Nirvana, cercano a la década de los dos mil con bandas como The White Stripes, Audioslave, o The Mars Volta, o al de bandas como Arctic Monkeys o Måneskin, grupos con mayor influencia de 2010 en adelante. Para graficar lo que señalo puedo decir que es evidente, por ejemplo, cómo el sonido de la canción Communication Breakdown de Led Zeppelin (presente en su primer álbum, lazado en 1969) ha estado por muchas décadas tremendamente más vigente que el sonido de cualquier canción de The Beatles (y siendo esta la banda más influyente de la historia).

   En el ámbito del rock-pop, de la electrónica y del hip-hop ha sucedido lo mismo, a fines de los noventa y principio de los dos mil han surgido obras de artistas que lograron condensar y definir sonidos y formas compositivas que se mantienen vigentes después de más de dos décadas. Como ejemplos fundamentales pondré al álbum Play de Moby y al primer disco de Gorillaz, homónimo. La mayoría de las creaciones dentro del rock-pop, la electrónica y el hip-hop que en la actualidad tienen un sonido que se puede considerar moderno están cerca del sonido de estos dos álbumes.

   Entonces podemos ver que Caramelo tiene un sonido fresco que parece inspirarse de postas que dejaron álbumes como Jessico de Babasónicos (a nivel nacional) o como Random Access Memories de Daft Punk (a nivel mundial), por poner dos ejemplos ilustrativos y fundamentales (claro que las influencias que uno puede percibir incluyen muchos artistas más), y desde ahí toma vuelo propio y busca nuevos horizontes de posibilidades.

En definitiva

Con esta colección de muy buenas canciones, muy bien ejecutadas y presentadas con la adecuada producción técnica y artística Fantasmas de Nadie refuerza con mayor contundencia una posición importante dentro de la rica y variada cultura musical santiagueña, y se abre camino para dirigirse a públicos de otras latitudes. Es de agradecer el sentimiento, compromiso y dedicación que se ha puesto para lograr un material de muy buena calidad.

   Y finalmente hay que agradecer esta fiesta que nos invita a mecernos a gusto y piacere. Porque mecerse hace bien en el lugar que hemos encontrado para pasar un buen momento. Mecerse es, sobre todo, mantener el movimiento. El movimiento es importante, no hay que subestimarlo nunca. Después de todo, estando situados, solo lo que se mueve es real.

por José Andrés Azurmendi

Músico y filósofo

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