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«Los editores son seres humanos raros»

Federico Jeanmaire fue uno de los invitados destacados de la decimoquinta edición de la Feria Provincial del Libro de Santiago del Estero 2025.

Federico Jeanmaire posando para el lente de Valeria Tentoni

LINO: Hace poco, puedes leer en esta web, Alfredo Díaz problematizó la cuestión de  los diálogos de los personajes cuando se tiene que recrear una lengua verosímil de un personaje de X lugar. Díaz se sirve del cine también para pensar esa artificialidad de la lengua, y tiene razón cuando dice que ahí también lo vemos. Andrés Navarro responde cuando le preguntan que él hace un menjunje entre lo coloquial popular más otra cosa lingüística que la diferencie del registro antropológico. Algo que has capturado muy bien con tus personajes más allá de lo que se dicen es cómo, de qué manera, tratándose cómo, en qué contexto, en el sentido de que se interrumpen y se corrigen por ejemplo en Fernández mata a Fernández ¿vos cómo lo resuelves o cómo lo ves al asunto de la verosimilitud de los diálogos?

FEDERICO: Trabajo con una idea cervantina. En los diálogos de Cervantes, al principio, cuando empieza a escribir el Quijote, en las primeras páginas, el diálogo con Sancho es un diálogo muy construido, digamos, donde en las preguntas ya están más o menos las respuestas, y eso tiene que ver con que Cervantes necesitaba comentar ciertas cosas respecto del libro de caballería. A medida que van pasando las páginas y Sancho comienza a crecer como personaje, hay una cuestión hermosísima en los diálogos que empiezan a ser completamente espontáneos. Por espontáneo quiero decir que da la impresión de que Cervantes no sabe lo que va a responder el otro cuando alguien pregunta, lo que nos pasa a todos cuando andamos por la vida. Yo no sé qué me vas a preguntar vos, y vos no sabes que te voy a contestar yo. Eso es lo que nos pasa todo el día cuando estamos afuera de casa y nos encontramos con alguien, no sabemos lo que el otro nos va a preguntar, o lo que nosotros vamos a decir, etc. Bueno, yo trato de escribir mis novelas de ese modo.

Por ejemplo, Fernández mata Fernández. Yo la empecé con una sola idea, que era intentar matar a una señora que en mi barrio le daba de comer a las palomas, y las palomas eran muy sucias y horribles. Y cuando escribí la primera página, se acerca el protagonista principal, José Antonio, hasta un encargado de edificio. José Antonio le hace una pregunta y el otro en vez de contestar a la pregunta le dice Soy gay. Y eso fue algo que pasó en ese momento, yo no lo preparé ni nada. Y esa respuesta de ese personaje de algún modo construye la novela, porque yo que no había pensado en ninguna cuestión homosexual para el libro, aparece una pareja gay y con ella un montón de cuestiones que van llenando al libro de otra cosa de la que yo me senté a escribir.

Me gusta que mis personajes me sorprendan a mí, y supongo que si me sorprenden a mí, ese diálogo va a ser verosímil, y si no me sorprenden, no.

LINO: Como dejarse hablar por los otros.

FEDERICO: Exactamente, sí. Y sobre todo disfrutar de lo que se le va ocurriendo a los personajes. A veces no me lo creen, pero créeme que es así: no sé muy bien lo que van a hacer los personajes de mi novela. Los dejo y terminan haciendo lo que quieren. Y eso es lo que me divierte a mí, lo que me provoca una sonrisa, porque es como yo me imagino que era la escritura del Quijote, lo que sentía Cervantes escribiendo esos disparates de conversaciones que tenían.

Tengo otro ejemplo, mil ejemplos, qué se yo. Tengo un libro que se llama Prólogo anotado, que casi al principio del libro el protagonista, el narrador que es el protagonista, dice que hay trece lugares en la literatura. Y fue algo aleatorio. Yo puse trece porque se me ocurrió en ese momento trece. Y después uno cuando escribe, obviamente llega a la página cincuenta y puede decir bueno, en realidad necesito un par más, o necesito un  par menos y lo corrige. Yo no corrijo eso. Si al tipo en ese momento se le ocurrió que eran trece, son trece durante todo el libro.

No sé cómo explicarlo, pero es como un riesgo: no hay que traicionar a los personajes. Si al personaje se le ocurre una cosa, es así y punto, y después arreglate como escritor para seguir con la historia.

LINO: Así se va construyendo la diferencia también entre los personajes.

FEDERICO: Exactamente, sí, sí. Y después hay otra cuestión con los diálogos, que como también pasa en el Quijote, y lo entiendo, yo conozco la obra de Andrés, no conozco la obra del otro que has nombrado. En los diálogos hay una cuestión que es la lengua. Se dialoga con la lengua que tenemos, con lo que se llama lengua coloquial. Pero los diálogos en literatura y en la vida, casi siempre son artificiales. Por ejemplo, en los talleres literarios, muchas veces les dicen que un carnicero tiene que hablar como un carnicero en un texto. Y las posibilidades de ser carniceros son miles. No todos los carniceros hablan igual. Yo tengo acá, bueno, ahora cerraron, pero una de las carnicerías que me quedaba acá, eran todos paraguayos y hablaban en guaraní. Yo no puedo poner un personaje hablando guaraní, porque yo no soy guaraní. Pero por ejemplo, yo en mi infancia, yo pasaba sobre todo las vacaciones de invierno, en el campo de un amigo que estaba al lado de un pueblo. Entonces íbamos a caballo, teníamos doce años, trece años, íbamos siempre a la carnicería.¿Por qué íbamos a esa carnicería? Porque la carnicera era una señora que tenía unas tetas gigantes, las uñas pintadas de rojo y un delantal por el que se le veían la mitad de las tetas.

LINO: El clickbait de la época.

FEDERICO: Claro. Pero digamos ¿Qué es ser un carnicero? Un carnicero puede ser cualquiera. Y de hecho, mis personajes, qué sé yo, por ejemplo, yo tengo una novela, casi la última creo que salió, que se llama La banda de los polacos, donde son siete chicos de una villa que hablan como si hubieran estudiado en Puan. Y a mí me interesaba que hablaran de esa manera artificial. A mí no me interesa repetir lo que se habla en la calle, a mí me interesa crear lenguas artificiales. Por supuesto que esas lenguas artificiales tienen que tener algo de la realidad. Esto lo he hablado con Andrés Navarro, él que hace un trabajo enorme con el habla santiagueña. En el texto, dice Andrés, no se puede poner todo, se puede poner algo y lo demás se arma, se construye. Y toda armazón o construcción siempre es artificial. Los diálogos tienen mucho de eso, de artificio y de construcción, de construcción con el material. Pero siempre una de las tareas de ser escritor supongo que es elegir cómo hacer esa construcción y cuán artificial va a ser. Siempre con algún motivo, con alguna decisión que tenga que ver con lo que estás queriendo contar.

Hay una cuestión ahí que tiene que ver con lo que uno cree que es literatura. Uno cuando está escribiendo cada tres, cuatro renglones, se tiene que preguntar ¿qué es la literatura? Porque si no, no sabe lo que está haciendo. Mis preguntas tienen que ver con la lengua. La lengua es el material con el que trabajamos, lo prescribimos. Por ejemplo, utilizar un verbo como realizar en lugar de hacer, implica que el escrito se va a otro sitio, el normal se proyecta a otro lado. Me interesa mucho eso. Me interesa mucho porque a mí me parece que la lengua, que es un lugar tan infinito y tan increíble, tiene lugares como para hacernos pensar. Y si no nos hace pensar, por lo menos para dejarnos cuestiones ahí en el inconsciente, y que el inconsciente haga algo con eso. A mí me gusta, sobre todo con los verbos, salirme de la pauta de lo que sería lo coloquial o lo normal en un determinado contexto, para meter palabras que no están en ese lugar. Por ejemplo, hay escritores que salen con libretas a ver cómo habla la gente, para anotar palabras para después escribirlas. Yo soy todo lo contrario de eso. A mí me gusta artificializar los diálogos sobre todo, y lo hago sobre todo trabajando con la lengua, trabajando con las posibilidades que me da la lengua y provocar sorpresa en quien pueda leerlo.

Primero el que me sorprendo soy yo, y después el que lo pueda llegar a leer.

Ph: Marta Pérez

LINO: Estás diciendo cosas muy lindas que después vas a encontrar resaltadas en negrita. Lo que decía Alfredo Díaz, que es escritor además de editor de Tóxicxs, un sello artesanal de Santiago, hacen unos libros muy hermosos. Trabaja bien con la imagen. Hace sospechosamente bien las cosas como para ser heterosexual. ¿Has visto? De Jorge Álvarez me decía hace poco Vicente Batista que era puto y que en esa época había que caretearla y que claro, demasiado buen gusto, sospechoso buen gusto para venir de un onvre. Él lo decía con perspectiva crítica tomando de insumo a Combi, la novela de Aníbal Costilla que sacó La papa.

FEDERICO: Aníbal Costilla el poeta.

LINO: Aníbal Costilla el poeta, sí. Ha escrito una novela, su primera novela. El comentario crítico viene a colación para decir que los diálogos cuestan.

FEDERICO: Bueno, contale al señor crítico que en El Quijote vos vas a encontrar que Sancho Panza a veces habla de una manera en la cual no podía hablar. La literatura es un poco eso, es una decisión del escritor y tiene que haber algún motivo para que Aníbal Costilla haga eso y no otra cosa, porque se supone que todos los que escribimos sabemos lo que hacemos y si decidió que los dos personajes hablen igual, tiene que haber algún motivo. En esa novela que no leí, encima es un gran poeta Aníbal.

LINO: Un trabajador de la palabra. Sí, el tema es si vos lo dominas o si se te cae. Si se te cae es un defecto, si vos has descuidado que podías diferenciarlo y no lo has hecho o si es una decisión.

FEDERICO: Claro, pero en el caso de Aníbal, yo leí su poesía, no leí esta novela, pero no creo que sea casualidad, siempre creo en los autores, no me pongo por encima de los autores como para decir ¿por qué hizo esto? Siempre hay alguna razón, sobre todo cuando se trata de un autor que hace las cosas normalmente muy bien.

Hay muchas cuestiones que son dadas como verdades, que en realidad son cosas no pensadas. Por ejemplo esto de que los personajes tienen que hablar según su lugar en el mundo. Pero hay otra, por ejemplo acá se dice mucho, que no hay que usar demasiados adjetivos y te dan el ejemplo de Borges. Y si uno revisa a Borges va a encontrar no sólo que le encantaban los adjetivos, sino que hay veces que usa uno antes y otro después. Pero si vos haces un taller literario te van a decir no hay que usar demasiado adjetivos, los adjetivos no le hacen bien a la escritura. Son modismos. Preconceptos que le hacen mal a la escritura de cada uno. Si uno decide en un texto llenarlo de adjetivos tiene que haber alguna razón y siempre hay alguna razón.

Por ejemplo, a mí en un texto me criticaron que había muchos adverbios de modo, pero era un texto amoroso en el cual los adverbios de modo estaban cargados de ese amor. Mi manera de contar el amor en ese libro era con los adverbios de modo. Y suponer que está mal, que yo tomé una mala decisión, es suponer que soy un tonto y que no me doy cuenta que hay muchos adverbios de modo.

LINO: Que haces un mal uso de la lengua.

FEDERICO: Lo que te quiero decir es que por lo general alguien que está relacionado fuertemente con la escritura conoce esas cosas, sabe lo que está haciendo y sabe el porqué de lo que está haciendo. Y yo le concedo eso a cualquier persona que escriba con intención de ponerse a escribir correctamente. Entonces no hay que pensar que los demás son tontos y yo soy inteligente porque me doy cuenta que hay un sustantivo que está rodeado de adjetivos y que eso está mal. Hay que tener un pensamiento bastante más abierto para entender por qué en cada situación un escritor decidió hacer una cosa u otra.

LINO: Sí, una visión más humilde de que no se le caen las cosas.

FEDERICO: Te doy un dato con respecto a Fernández mata a Fernández. Cuando yo la publico por primera vez en Alfaguara en 2011, la editora me dice la gente no va a entender nada porque no va a entender quién es el que está hablando y quién no.

LINO: ¿Anteponer el nombre de los personajes tipo guión? Con didascalias como si fuese teatro.

FEDERICO: Exactamente. No entendiste nada de la novela. El lector se pierde. Mejor para la novela. Una de las intenciones de la novela es que se pierdan entre Fernández.

LINO: ¡Si son todos Fernández! Además, bien leída es imposible. Es imposible confundirse, porque si vos no entiendes quién está diciendo algo por el siguiente parlamento que alude a ese te das cuenta quién era.

FEDERICO: Los editores tienden a pensar que el público lector es un público de tontos al cual hay que darle todo arreglado, todo pensado, todo corregido, y por lo general lo que escribimos pensamos exactamente lo contrario. Los lectores son todos muy inteligentes y para eso son los chistes y los malos usos.

LINO: Te abro otra pestaña: ¿crees que sea adecuado decir que la soledad y la dificultad para comunicarse ha sido un tema que exploraste? Y si piensas que la literatura puede reparar, entre comillas, esa incomunicación o es más bien otra forma de ponerla en evidencia tipo ratón de biblioteca

FEDERICO: Sí, creo que mucho de lo que he escrito tiene que ver con la soledad. No tanto con la comunicación, sino con la dificultad para comunicarse. Yo creo que uno de los grandes problemas del ser humano es la dificultad de comunicarse. De hecho, creo que somos los únicos animales que hemos inventado una lengua, un lenguaje de palabras para poder comunicarnos. Los demás animales se comunican con un montón de otras cosas y se comunican bien. Entonces sí, hay un problema de comunicación en el ser humano, estoy seguro. Y el otro problema es la soledad. Uno puede estar rodeado de gente todo el puto día, pero la soledad es evidente. Hay muy pocos momentos en el día en el cual podemos sentirnos realmente acompañados, comunicados.

LINO: Matamos eso con el televisor portátil ahora.

FEDERICO: Creo que es uno de los grandes problemas del ser humano. De hecho, el ser humano ha necesitado juntarse, vivir en ciudades enormes, con el único objetivo de no sentirse tan solo y tan incomunicado. Inventa todo lo posible para no sentirse incomunicado, y lo único que ha conseguido es sentirse cada vez más incomunicado.

LINO: Adicción digital y desinformación masiva. Cuando era para comunicarnos y democratizar el acceso a la información.

FEDERICO: Exactamente, sí.

LINO: Como siempre con el progreso, cuando nos damos cuenta del daño ya es tarde.

FEDERICO: Y si piensas, claro, el daño es estructural. Porque te hace creer que todas esas cosas son necesarias. Y lo logra.

LINO: Perdón, ¿qué cosas necesarias?

FEDERICO: Por ejemplo los teléfonos. Esto que estamos usando para hablar. Son prácticamente una computadora andante. De teléfono no tiene casi nada.

LINO: Le estamos dando un uso rarísimo de hecho (N. del E: hablamos en tiempo real por la vieja y bien conocida llamada telefónica). La verdad no me dedico a tener conversaciones así de largas. Vos tampoco, me parece.

FEDERICO: No, no, nadie, nadie las tiene. De hecho, ahora, si yo quiero comunicarme con alguien, primero le tengo que decir: ¿te puedo llamar? Y antes no, antes te llamaba.

LINO: Sos un descortés si llamas de repente ahora. Un insensato y atrevidamente desconsiderado con el tiempo del otro.

FEDERICO: Además con el teléfono, por ejemplo, yo tengo a mi hijo ahora que se fue a Holanda. No hablamos por teléfono. Cada tanto hacemos una videollamada, pero yo no lo puedo llamar por teléfono en cualquier momento. Y con mi novia, por ejemplo, que vive en la otra punta de Buenos Aires, no hablamos por teléfono.

LINO: Desaparece como tecnología de la comunicación. Martín Kohan tiene un libro sobre eso.

FEDERICO: Réquiem.

LINO: Perdón por el lugar común: ¿se lee poco porque no se escribe o se escribe poco porque no se lee?

FEDERICO: Bueno, eso depende de cada persona. Yo leo un montón y escribo un montón. Supongo que hay gente que no lee nada, ni escribe nada. Hay otra gente que lee mucho y no escribe, y otra gente que escribe mucho y no lee nada. No sé, la literatura nunca fue una cosa masiva, y hubo momentos en los cuales había más lectores que ahora, seguro, pero nunca fue una cosa de toda la gente leyendo continuamente libros. Me acuerdo en la secundaria a mí me encantaba leer, yo leía mucho y no tenía con quién hablar en mi pueblo de los libros que leía.

LINO: Lucas Cosci, que es de tu generación más o menos (N. del E.: Lucas tiene diez años menos), me dice lo mismo, nadie leía. Era algo de freak. De inútil para los deportes.

FEDERICO: Eso no cambió. En algún momento se vendían mucho más libros, se leía más. Seguramente había más lectores que ahora.

LINO: Los había. Conozco los números de lo que se imprimía y lo que se vendía. Tal vez no se leía, pero terminaba apilado en alguna casa, en alguna biblioteca. Hablo de millones de ejemplares más que se imprimían por año. En 2013 te tirabas un pedo y te salían quinientos ejemplares, no te estoy hablando de los sesenta, ¿has visto?

FEDERICO: Bueno, claro, pero también hay una cuestión económica. Hoy por ejemplo estuve hablando con gente que arma ferias y me cuentan que bajó tanto la venta en los últimos años y que cada año es peor. Ayer estuve en una editorial hablando con la editora y me dijo que prácticamente no se está vendiendo. ¿Cómo se puede vender libros si la gente no tiene para comer? Es muy difícil, incluso a los que les gusta y tienen acceso se les complica.

LINO: Necesito que alguien me saque el pesimismo porque puede que seamos los últimos mohicanos de la lectura y que pronto sea tan exclusivo y distinguido como jugar al golf o al cricket.

FEDERICO: Eso te tiene que poner contento. Pertenecemos a un grupo de gente anacrónica, como que estamos produciendo un arte de lo más difícil que hay hoy por hoy en el mundo y leyendo un arte. Es un arte poder leer, no sé, creo que lo más complicado de la cultura actual es leer libros, escribirlos y leerlos. Y eso me encanta. Es como estar participando de una resistencia a la tontería y a la banalidad.

LINO: Se está poniendo arltiana la conversación. El acceso a la cultura como la rebeldía máxima.

FEDERICO: Exactamente, sí, sí, yo lo estoy viendo así.

LINO: Disculpame que te vuelva un poquito para atrás, pero no quiero dejar pasar algo que has dicho, porque los actores a los que yo he consultado, mayormente a los chicos y medianos, he escrito una crónica incluso contando de números favorables, todos emparejando su rendimiento en ventas al año pasado y de los independientes, algunos duplicando y triplicando. Conozco a  los actores de la Feria de acá y están contentos. Te digo que les dan lugar acá, es una política sostenida. Están los changos de Tucumán, de Catamarca, esperando que sea la Feria de Santiago. Los santiagueños nos la tenemos que creer más.

FEDERICO: Lo que yo vi es algo que siempre lo ves en Santiago. He ido mucho a Santiago. Hay una cantidad de poetas enorme, de buenos poetas encima ahora como van todos los del Norte Entero, se juntan ahí un montón de poetas que se quieren leer, se necesitan leer, necesitan saber lo que hacen, entonces yo supongo que sobre todo en poesía sí hay una venta de libros importantes.

LINO: No. Se escribe mucho pero sale poco, o sea se vende poco. Un poco que los editores más comerciales están espantados con la poesía, o sea tienes uno de Tere Andruetto ahí ese sí, dame, venga. Y aparte a vos te puede sorprender como alguien con mucho prestigio que vos dice uff, no quiero personalizarlo pero esto no lo voy a poner (N. del E.: al final sí lo personalicé) Noé Jitrik, no sale tanto, o Daniel Link, conseguí primero un libro de Daniel Link primero, no sé a quién se los vas a vender después, o de Josefina Ludmer o Beatriz Sarlo, es algo de nicho.

FEDERICO: Sí, o cerca de la facultad de letras, en un congreso ahí. Por ejemplo mi novia es poeta y estuvo ahí en Santiago presentando. Estaba re contenta porque se agotó una edición de cien ejemplares en dos meses. Y ella se movió un montón para venderlo. No sé, a mí me parece que cien ejemplares para un poeta es extraordinario. Sí, increíble, sobre todo si conseguís que esos cien te lean, ¿no?

LINO: Pero escúchame, hoy Turba (N. del E.: Nombre ficticio de inspiración benesdrana para no quemar a la editorial que no comenta orgullosa) que es una independiente grande, digamos, no en un sentido económico sino bueno, de trayectoria, está imprimiendo trescientos como una apuesta y para que dure mucho tiempo. Si esas son las apuestas…

FEDERICO: Por suerte hay formas ahora de hacer pocos libros.

LINO: On demand. Pero es carísimo, la rentabilidad está peor que nunca, la verdad, muy difícil. Al que más o menos administra la cultura de forma empresarial lo admiro porque yo vengo perdiendo plata hace 10 años con tal de que se esparzan los libros que muevo, retener entre un 30 y un 40% no es un negocio cuando costeas los envíos a todo el país y es porque prefiero que se muevan. Esto no es por el dinero.

FEDERICO: Hoy en la mañana estuve, ¿no te dije? Estuve con una editora que me va a publicar una novela ahora en diciembre y bueno, me contó que no están vendiendo nada. Pero entonces no la saquemos, esperemos. Me dice no, no, hay que seguir, hay que insistir y qué sé yo. Así que sí, está difícil, está muy difícil todo para mucha gente incluso comer, así que imagínate.

LINO: Abro otra pestaña sobre Tacones altos. ¿Te ha gustado la traducción al alemán? Richtig hohe Absätze. Tacones altos correctos. ¿Alguna devolución que te haya sorprendido, además? Las dos cosas.

FEDERICO: Fui allá a presentarla, me encantó conocer al traductor, un tipo hermoso, un gran traductor. No me gustó una cosa del libro, que en la primera página se avisa que por decisión del autor todo el libro está en presente. No me gustó. Me pareció eso que hablábamos un poco antes, ¿No? De editores que quieren facilitarle al lector, que piensa que el lector es tonto, que no se va a dar cuenta.

LINO: Por las dudas explicar en nota al pie que no es una errata: ¿con qué necesidad achatar así la lectura?

FEDERICO: Es raro, los editores son raros, son seres humanos raros.

LINO: Me hace pensar en algo que no me gusta de los poetas, que es que te quieran explicar antes de leer, o alguien con una canción también ¿has visto? bueno, esta la he compuesto cuando se murió mi papá. Qué ganas de poner esa atmósfera y apelar a la piedad. Decile a tu novia que no explique antes de leer, que lea, pum, título y que se mande.

FEDERICO: La explicación no tiene que ver con la literatura. El único que tiene derecho a explicarse lo que están leyendo, si es que tiene ganas, es el lector.

LINO: Eso también lo pongo en negrita. Estoy con un software de transcripción que se llama Whisper. Vamos terminando con una preguntonta. No nos parece ni buena ni original, pero cumplimos porque le hacemos a todas las figuritas difíciles para mostrarles que todavía la inteligencia artificial puede ser muy estúpida. Esta es de GPT5: en tu narrativa aparecen hombres incomprendidos, aislados, que dudan de su lugar en el mundo. ¿Hay alguna relación entre esos narradores y la revisión actual de las masculinidades?

FEDERICO: Tengo un libro que salió hace poquito, en mayo. La vida, la novela y el amor. Y ahí cuento un poco mi relación con lo que hago. En la relación con lo que hago digo que escribimos como vivimos. Es muy difícil escribir de una manera en que uno no vive. Me he enterado, ponele que fue en 2017 por ahí, había publicado en ese momento, no me acuerdo qué libro, en Sevilla, entonces hice como una gira por España, y en Sevilla vino una chica, Claudia Caño, y me dijo que estaba haciendo el doctorado en filología con mis libros. A partir de tu libro, me dice. Porque yo ahí leí una nueva masculinidad. Ahí me di cuenta que yo era como un nuevo masculino.

LINO: Medio puto como decíamos antes.

FEDERICO: No sé, o que tiene una visión de lo femenino no tan acostumbrada desde lo masculino, de hecho ya hizo el doctorado y ya me mandó su tesis y ahí descubrí que por ahí tengo una forma de ver al género femenino distinta a la de muchos varones, por eso digo que uno escribe como vive. Durante la dictadura me fui a vivir a Europa y muy rápidamente descubrí que las mujeres eran iguales que los varones, toda la gente con la que me iba encontrando o las mujeres con las que me iba encontrando, me lo hicieron saber muy rápido y hasta ese momento, tenía veinte años cuando me fui, no tenía amigas mujeres de verdad, eran todos amigos varones y empecé a tener amigas mujeres, empecé a relacionarme con la mujer de otra manera y bueno, eso fue toda mi vida así. Entonces es como natural que si estoy en pareja como estoy ahora, he cambiado más de pareja que de calzoncillos, bueno, siempre la palabra fundamental es pareja, o sea, somos parejos, yo no sé más que vos, ni soy más que vos, ni tengo que darte cosas y vos otras.

LINO: La mujer como un par.

FEDERICO: Eso. Ha pasado a lo que escribo de una manera natural, porque como vivo no podría escribir de otra manera, salvo que necesitara escribir a personajes que fueran lo contrario, entonces en ese caso lo haría.

LINO: Me has hecho dar ganas de leer ese texto de Claudia. Terminamos con una consulta sobre influencias. Juego con todos los autores a forzarlos y torcerles un brazo hasta que digan un único autor. Fabián Soberón me ha dicho primero Borges y cuando le doblé el meñique largó Macedonio Fernández.

FEDERICO: Tengo como una constelación de autores. Los que tengo cerca cuando escribo. Creo que le pasa a cualquier escritor que tiene a sus ídolos cerca. Cervantes, Sarmiento, tengo cerca a Eduardo Gutiérrez, un tipo que nadie lo considera, a mí me encanta. Tengo cerca también a Antonio di Benedetto, que para mí es el mejor novelista argentino de todos los tiempos.

LINO: Acordate que te estoy torciendo un brazo.

FEDERICO: Lo que pasa es que cada uno tiene su…

LINO: No me dejas opción que apretarte más la muñeca.

FEDERICO: Uno que puede juntar varias de las cosas que me gustan de la literatura: Antonio di Benedetto juntó a varios, a varios de los otros, porque por lo general te gusta alguien porque te hace acordar a otro de los que te gustan.

LINO: Hubiese apostado que ibas a decir Cervantes.

FEDERICO: No, a Cervantes le debo casi todo, fue mi taller literario. Pero bueno, vos me apretaste la muñeca.

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