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«Aprender a abrirse a mundos que no son el de uno»

Entrevista a Martín Kohan, uno de los escritores multipremiados que invitó la Decimoquinta Feria Provincial del Libro de Santiago del Estero.

Martín ganó el Herralde en 2007 con Ciencias morales

LINO: Estamos en la Feria (N. del E.: En realidad hablamos por teléfono a mediados de noviembre de 2025, a un mes de pasada la feria, pero hacemos de cuenta y el entrevistado acuerda). Nos acompaña Martín Kohan, un autor y docente argentino quien se presenta con insistencia como hincha de Boca. Debe ser que sobrecompensa algo, tal vez no ir tanto a la cancha como quisiera o haber nacido en Núñez. ¿Conocías la ciudad?  

MARTÍN: (riéndose) Sí, sí. Habré estado tres o cuatro veces antes. He estado para otra feria. En algún momento se hizo un FILBA y estuve ahí también. Así que por suerte tuve la oportunidad de estar más de una vez.

LINO: Si ya eras reconocido por tu escritura prolífera y en variedad de géneros, y que por eso mismo se pueden encontrar muchos títulos tuyos en una librería, ahora prepárense que hay mucho más. Qué añito este 2025: muchas novedades.

MARTÍN: Los libros se van dando según las ideas que a uno le surgen. No hay exactamente una premeditación de mi parte de que haya proliferación de libros, o de ocupar distintos géneros. Van surgiendo ideas. Van surgiendo deseos de escritura en una dirección u otra. A veces las ideas y el deseo tienen que ver con ensayos, a veces tiene que ver con cuentos, o cualquiera de los otros géneros. Lo que sí ha ocurrido en este 2025 de manera especial para mí fue la posibilidad de escribir un libro para chicos. Esa no fue una iniciativa que se me hubiera ocurrido. Es más, yo mismo en una primera instancia, más bien pensé que no iba a estar a mi alcance la posibilidad de escribir un libro para chicos que es un género en principio, y no solo en principio, porque es realmente exigente. Cuando me contactó la editora de  Siglo XXI, que es Laura Leibiker, con la idea y con la propuesta, la verdad que sinceramente dije que no. Mirá, es una hermosa idea, pero yo no voy a poder. La literatura para chicos tiene efectivamente un horizonte de lectura que un escritor imagina o fantasea cuando está escribiendo. Como te decía lo primero que dije fue esto no es para mí pero por suerte Laura insistió con su idea y su generosa confianza conmigo y terminé emprendiendo esa escritura. La disfruté mucho y estoy disfrutando mucho de todo lo que está pasando con ese libro que se llama El tiempo más feliz. Y efectivamente eso sí supuso para este año 2025 una novedad respecto de lo que venía escribiendo.

Martín posando con El tiempo más feliz. Tomamos prestada la foto de La Nación

LINO: Un nuevo público. Me imagino que antes no pensabas al tiempo de la escritura “esto capaz el lector no lo entiende” y que ahora fue diferente.

MARTÍN: Como bien decís uno piensa, imagina o supone, asumiendo desde el vamos que hay tantas lecturas como lectores, y que por lo tanto –y esto que voy a decir es uno de los factores que hace de la literatura algo tan extraordinario– no hay manera, ni necesidad, de anticipar desde la escritura cuáles van a ser las lecturas o cómo van a ser esas lecturas. Lo cierto es que no lo sabemos. Cada lector y cada lectura producen un acontecimiento en la propia práctica de leer. También es cierto que un texto propone distintos y posibles pactos de lectura que van a pasar a funcionar para cada uno de los lectores. El pacto en su condición de tal no funciona hasta que el otro, el lector en este caso, no entra en escena con sus propias ideas, iniciativas y expectativas. Ese pacto funciona entre el lector y el texto y el autor en el momento de escribir no puede más que insinuar ese pacto, sugerir en parte, imaginarlo. Después cada lector concretará una realidad de ese texto en cada lectura. Siempre hay lectores y lecturas posibles. Cuando esto nos desplaza a que sean chicos los que lean la exigencia creo que es mayor porque los chicos son más implacables en el punto de lo que les gusta o lo que no. Si entran al juego o prefieren salirse del juego. En ese sentido me resultó una exigencia mayor no en términos de comprensión, aunque obviamente uno no escribe igual para chicos que para adultos. La confianza en la capacidad de comprensión para mí es una premisa indeclinable. No subestimar nunca. Los chicos tienen un poder, en su escala por supuesto, y en su dimensión narrativa y lexical. Su poder de imaginación y fantasía amplía también su poder de comprensión y aquello que un texto puede sugerir o suscitar en el lector. La exigencia fue hacia mí: cómo armar esa propuesta para lectores que van a ser chicos.

LINO: Te decía lo de las novedades porque solo en el mes de septiembre tienes más de una novedad. Los cautivos salió la primera de Penguin en junio de 2025. Con las elogiosas palabras de contratapa de la China Ludmer. El libro está hermoso, imagino estarás contento.

MARTÍN: Muy.

Esta composición la tomamos prestada de Infobae

LINO: En los legales se lee el nombre Schavelzon Graham como agencia literaria. ¿Es Guillermo Schavelzon el de Galerna?

MARTÍN: Sí, es él mismo.

LINO: Qué bien. No sabía que seguía en activo. Te pregunto también por la dedicatoria a Sylvia Saítta. Alguien que la vio venir porque ella ganó el Kónex en 2004 y la primera edición de Los cautivos es del 2000.

MARTÍN: Tanto la vi venir que estaba casado con ella.

LINO: Ay, no te puedo creer.

MARTÍN: Claro. Entonces la vi venir bien, digamos. La novela tuvo su primera edición en una colección de Sudamericana. Después tuvo otra edición de bolsillo y ahora vuelve el otro formato, que ya no es más Sudamericana sino Penguin Random House. Efectivamente la edición original era del año 2000 y lo escribí entre 1998 y 1999, y vivía con Silvia, y claro, es el gesto del reconocimiento de la dedicatoria, la persona que está conmigo y yo con ella, en el momento de la escritura. Algún tiempo después en el mismo año 2000 se publica. Josefina Ludmer, con quien yo me he formado en la universidad y que fue además quien dirigió mi tesis de doctorado, también en la Universidad de Buenos Aires. Josefina dio un curso en el centro Ricardo Rojas. Y en el corpus de textos que trabajó en el año 2000 uno de ellos fue Los cautivos, así que ya en aquel momento Josefina Ludmer fue muy generosa lectora de esta novela.

LINO: De septiembre del 25 son también de Penguin Random House, Dos veces junio que abre con una cita de Luis Gusmán: “En junio murió Gardel, bombardearon la Plaza de Mayo. Junio es un mes trágico para los que vivimos en este país”. Y Desvelos de verano, dedicado a Alexandra. Con palabras de contratapa de Luis Chitarroni. Espectacular.

MARTÍN: Sí. Estoy más que satisfecho y orgulloso de que los libros puedan aparecer así escoltados por lectores, intelectuales, críticos, escritores que han sido muy generosos conmigo. Tan grandes escritores como Ludmer, Chitarroni. Dos veces junio se publicó originalmente en el 2002. Lo escribí más o menos en el año 2000. En aquel momento Luis Chitarroni era el editor de Sudamericana y la novela tiene mucho que ver con mi lectura de Villa, la  novela de Luis Gusmán. Ese texto me permitió pensar en gran medida a los personajes y a la trama de Dos veces junio. En otra novela de Gusmán titulada En el corazón de junio encontré esa cita que usé como epígrafe. De alguna manera uno deja la huella, la marca, la deuda de lector con la novela de Gusmán. En cuanto a los cuentos: sí, son más recientes. Por eso están dedicados a Alexandra mi esposa actual. Actual y espero que para siempre.

LINO: (me hace reír, no sé cómo poner acá ¿jaja?)

MARTÍN: Va por la decimoséptima o decimoctava edición. Para mi gratificación va teniendo un largo recorrido. Los cuentos de Desvelos de verano aparecieron hace dos o tres años, son más recientes, y por suerte están encontrando muchos lectores por eso en 2025 sale una nueva edición.

Las novedades de Martín en Penguin Random House en este 2025

LINO: Por eso decía lo de los muchos libros tuyos que se pueden encontrar en una librería cualquiera. Ahora prepárense. Disculpame la pregunta de hace rato sobre Silvia, no sabía que era tu pareja.

MARTÍN: No tenías por qué saber.

LINO: Te digo. Busqué en internet y no aparece nada. No hay ningún registro.

MARTÍN: (se ríe) Como corresponde porque es sobre la vida privada de las personas.

LINO: jaja

MARTÍN: No tengo problemas en contarlo porque es parte de mi vida. Por eso la motivación para la dedicatoria. Me parece muy razonable que las vidas personales no estén expuestas en las redes, a menos que uno quiera.

LINO: Está bueno lo que dices. Lo voy a poner en negrita.

MARTÍN: Dale.

LINO: Imagino habrás leído a Slavoj Žižek.

MARTÍN: Sí.

LINO: Lo traigo a colación no por su texto sino por la forma en la que habla. Cierto carácter enérgico, inmoderado podríamos decir en el sentido de difícil de interrumpir.

MARTÍN: Ajá.

LINO: Apasionado, dándole carnadura a la palabra, sangre a la vena.

MARTÍN: Ajá.

Slavoj Žižek, otro apasionado, como Martín

LINO: Me atrevo a decir que tienes ese rasgo en común. Además de haberte leído mucho también te escuché mucho sobre todo en el último tiempo (para no salirte con lo mismo ahora) y no importa de qué se esté hablando siempre encuentras la forma de terminar diciendo con pasión, ¿alguien te lo había mencionado a Žižek o te habían dicho algo antes sobre tu pasión para decir?  

MARTÍN: No me acuerdo pero me gratifica mucho lo que decís. En el sentido de… desde ya, la admiración intelectual y lo muy estimulante que resulta siempre Žižek y cómo nos ayuda a pensar muchísimas cosas. Me reconforta especialmente y te lo agradezco por que la palabra clave en la analogía que estás estableciendo la pronunciaste vos mismo y es la palabra pasión.

LINO: Uhum.

MARTÍN: Cuando veo a Žižek veo a alguien muy apasionado con las ideas, con las palabras y con expresarse. Con las distancias del caso por supuesto entiendo que eso que vos detectás, lo que hay común, dado que él es brillante y yo no.

LINO: jaja

MARTÍN: Lo que detectas como algo en común es que establece una relación de muchísima pasión con las ideas y con la expresión de las  ideas y yo me encuentro en la misma condición. En las entrevistas, en las clase, en una conferencia, realmente es una práctica la de tomar la palabra y desarrollar ideas en la medida en que uno las tiene y las puede exponer. Sobre todo la situación de intercambiar esas ideas. Someterlas a diálogo o a debate, que es otra forma del diálogo. O a la discusión, cuando funcionan como el estímulo por los señalamientos que te ayudan a revisar y repensar las ideas que estás proponiendo. Agrego…no agrego, retomo porque quiero enfatizar que las clases las vivo con la misma intensidad, con la misma pasión. Disfruto muchísimo de las clases, de las entrevistas, de las conferencias. No lo haría sino me generaran esta pasión. La verdad que me entusiasma muchísimo.

LINO: Qué bueno saberlo. No necesariamente alguien que maneja bien la pluma maneja bien la palabra oral ¿no?

MARTÍN: Borges tenía unos problemas con eso. Y lo sufrió. Tuvo que poner bastante empeño en adquirir las destrezas de la oralidad siendo como era un genio superlativo en su expresión escrita. A veces ocurre lo inverso. Pero más allá de la brillantez u opacidad que uno pueda tener en una cosa o en otra creo que tiene que ver con las vocaciones. Y otra vez, tomo tu palabra y la subrayo, con la pasión. La escritura es una pasión para mí. Absoluta. Y es una vocación la de la escritura. Y no lo es en menor medida la docencia. En definitiva esta práctica sostenida de exponer y exponer públicamente y de desarrollar ideas y conceptos y de intercambiar con otros es algo que practico cotidianamente desde hace más de treinta años. En el sentido de que fui a dar clases en la universidad, en algún momento también he dado clases en colegios secundarios. En el año 1990. De eso hacen 35 años. No es la única pero es una escena indefinida de tomar la palabra, exponer y abrir esa exposición a otras intervenciones, a otras voces, a un intercambio dado que en una clase lo que hay es una dinámica de enseñanza y aprendizaje. La palabra va y viene. No es un monólogo. No es un discurso. Una clase no transcurre con una persona que toma la palabra y expone y ciento cincuenta personas que bajan la cabeza y anotan.

LINO: La clase magistral que le dicen.

MARTÍN: Es verdad que anotan. Pero es verdad también que levantan la cabeza y aportan otras ideas o dudas, o cuestionamientos. Siempre es muy estimulante para el intercambio. La docencia es una vocación fuertísima para mí y esa práctica de exposición y de intercambio es parte de mi vocación. También lo disfruto enormemente, volviendo a  Žižek (N. del E.: dice riéndose), el entusiasmo que transmito es el entusiasmo que siento.

LINO: A diferencia de Žižek no tienes muletillas. Él sí las tiene.

MARTÍN: jaja

LINO: En su defensa tenemos que decir que siempre que lo escuchamos está hablando en inglés que no es su lengua madre. Y dice “and so on and so on” mucho. Que sería como decir “y así sucesivamente”.

MARTÍN: Como es infinitamente más lúcido que yo probablemente las muletillas sean una ventaja y algo que a mí me falta.

LINO: JAJA (N. del E.: acá el entrevistador se tienta fuerte) “o sea digamos” se está imponiendo ahora, ¿ah?

MARTÍN: Algo así (N. del E.: ríendose).

Otro préstamo que tomamos de Infobae

LINO: Sobre la circulación que tiene ¿Hola? Un réquiem para el teléfono, si bien la publicación es relativamente reciente, ¿algún comentario o devolución que te haya sorprendido?

MARTÍN: Hubo muchas repercusiones efectivamente. Cosa que desde luego me entusiasma mucho. Lo que podría destacar, en muchas entrevistas que hubo, muchas devoluciones de lectura que hubo, fui por ahí advirtiendo las distintas maneras en que interpelaba a lectores de distintas edades y distintas generaciones. Personas que al igual que yo ya tengo unos buenos años encima. Nací con la exigencia del teléfono. El teléfono en la vida cotidiana ocupaba un espacio considerable en los vínculos y en las relaciones sociales. Desde gente que comparte esa misma experiencia epocal hasta gente mucho más joven que nace ya en condiciones en la que hay un aparato que se llama teléfono, que está todo el tiempo presente, uno anda con uno encima todo el tiempo, todo el mundo no pero la mayor parte de las personas. Un aparato al que a pesar de llamarle teléfono no es usado prácticamente nunca. Uno no tiene conversaciones telefónicas prácticamente nunca. No las tiene en absoluto. Trato de pensar de qué manera fue tecnología nueva en una época y hoy languidece. Tecnología que permitía separar cuerpo de voz. Hasta ese momento si una comunicación se establecía a distancia y en ausencia, lo que había que hacer era escribir cartas.

LINO: Uhum.

MARTÍN: Para que hubiese la proximidad de la voz tenías que estar con la persona. Hasta ahí teníamos una distribución entre estar juntos y hablarse, y estar separados e incomunicados. Cuando aparece el teléfono se genera una escena nueva. Una experiencia nueva de comunicación. Por lo tanto una experiencia de relación social nueva y ahí es donde el asunto me interesa. La relación entre tecnología y experiencia. Tecnología y relaciones sociales. ¿Qué nuevas relaciones sociales habilitó la aparición de esta nueva tecnología? Y dado que eso está hoy languideciendo y está el uso pero muy lateralmente porque, insisto, es un aparato que uno lleva encima todo el tiempo, pero ya muy poca gente habla por teléfono.   

LINO: Es una TV portátil. Ya es hora de que nos dejemos de engañar de que es para comunicarnos. Más bien que nos comunicamos en los recreos del entretenimiento fast food de los videos cortos. Más bien que si alguien llama nos hacemos los boludos y lo dejamos sonar para seguir viendo video.

MARTÍN: JAJAJA (N. del E.: se tienta fuera ahora él) Yo atiendo ¿viste? (insistente N. del E.: las dos veces que lo llamé atendió de una)

LINO: Sí.

Esta composición la encontramos en Perfil

MARTÍN: Como soy de la vieja escuelaA la vieja usanza cuando suena el teléfono atiendo y hablo. Efectivamente la tendencia es no hablar. Hablar ha sido reemplazado por una modalidad distinta. Se ve que preferible, cada uno sabe lo que le gusta, cada uno elige. Lo que prefiere o no prefiere. En todo caso esta modalidad distinta es la de intercambiar mensajes grabados. Insisto y lo subrayo. No estoy en defensa de una modalidad o voy a pronunciarme adversamente con otra. Cada uno elije lo que prefiere mejor. Sí marco una diferencia cualitativa, otra vez, en términos de la relación que cabe establecer entre tecnologías y formas de relación social. Un cambio el cual la forma de interacción dialógica, entendiendo por diálogo que cuando alguien habla el otro está ahí, formulando parte de la escena.

LINO: Para decir “Uhum” aunque sea.

MARTÍN: La escucha forma parte de la escena de enunciación. No es lo mismo el diálogo telefónico que el intercambio de monólogos grabados.

LINO: El mensaje en la contestadora que ya existía, como dices en el libro.

MARTÍN: Exacto. Hasta hace pocos años si llamabas alguien, no atendía, y le dejabas el mensaje grabado, eso se sentía como un fracaso en la comunicación. Concretamente si alguien te preguntaba “¿hablaste con tal?” uno contestaba “no”. Dejar un mensaje grabado, insisto, se sentía y se vivía como la no comunicación.

LINO: Uhum.

MARTÍN: No muchos años después esa misma situación dejó de sentirse como una no comunicación y pasó a ser una comunicación privilegiada. Insisto, cada uno puede encontrar preferible una cosa o la otra. Solo me detengo a señalar que la interacción dialógica de la conversación telefónica fue reemplazada por el intercambio de monólogos. Cuando uno habla el otro no está ahí.

LINO: Um.

MARTÍN: Entonces el cambio en el modo de relacionarse con el otro sí me parece digno de considerar. Cada uno valora como valora. La clave del teléfono me permitió a la vez hacer un recorrido por películas, programas de televisión y de radio, cantidad de textos que menciono en el libro ¿Hola? Incluso textos que no sólo yo había leído sino textos sobres los cuales había escrito ensayos o artículos críticos. Leídos por así decir en clave telefónica cambiaron mi mirada. A partir de este libro por ejemplo descubrí la enorme importancia que el teléfono tiene en el cuento Emma Zunz, de Borges, que es un cuento muy ligado a la cuestión del cuerpo y la ausencia del cuerpo. O de retirar el cuerpo y poner el cuerpo en juego. Y la dinámica de exponer o retirar el cuerpo es decisiva porque en el teléfono el cuerpo se retira. El cuento se resuelve en buena medida en el teléfono. Es un ejemplo que estoy poniendo de los muchos textos o películas con las que trabajé en ¿Hola?

LINO: Necesito que me saquen el pesimismo. Hoy en día se escuchan comentarios muy derrotistas sobre el futuro de la lectura. Que somos los últimos mohicanos, que solamente se editan celebridades, bestseller juveniles de éxito en redes, que los chicos están silabeando recién a los diez, eso nos dejó la pandemia porque muchos pasaron de 1ro a 2do sin leer y de 2do a 3ro y así. Como una cometa que pasó y dejó una estala. Por otro lado está la visión de que en realidad nunca nadie leyó, y que siempre fue un hábito de freak, de ratón de biblioteca o de inútil para los deportes. Sí que se imprimía muchísimo más en los sesenta que ahora, muchísimo más en los dos mil diez que ahora. ¿Cómo la ves? Capaz sea la hora de tomar grandes plazos históricos para no ser pesimista. Hace mil estábamos peor, y hace dos mil más. Te escuché citar a Brecht en una entrevista en la que dices que los usos de la tecnología tienen que ser disputados.

Bertolt Brecht, uno de los dramaturgos y poetas más influyentes del siglo XX

MARTÍN: Exactamente. Digo exactamente por retomar a Brecht para no incurrir en la tesitura de tecnofilia que tiende a celebrar cualquier tecnología por el hecho de que aparezca o exista. O retomar o incorporar cualquier tecnología en el espacio de la educación porque los estudiantes las usan. Esa admisión irreflexiva, esa celebración intrínseca de la tecnología como tal no la comparto. Tampoco comparto la tecnofobia, el rechazo de la tecnología como tal. Sino considerar en cada caso cuáles son los usos posibles. En qué sentido puede ser necesaria o innecesaria tal o cual tecnología. En la posición tecnófoba podríamos estar cerrándonos a alternativas tecnológicas provechosas y sería negligente. Y en la tesitura de incondicionalidad tecnófila podríamos estar admitiendo tecnologías que no precisamos y que pueden ser perjudiciales para la salud. Preguntarse en cada caso sobre los usos posibles. Necesidades y usos es la tesitura que estoy adoptando. En cuanto al pesimismo me obligo a mí mismo a no ser apocalíptico. Pero me cuesta cada vez más. Lo de la crisis como bien mencionaste se ve en los volúmenes de las tiradas.

LINO: Millones de ejemplares al año menos que hace diez años.

MARTÍN: Es un indicio de que había un universo de lectores mayor al de ahora. Las declaraciones apocalípticas o las alarmas respecto a la lectura ya existían, cuando yo era chico, que son esos años que ahora estamos anhelando.

LINO: Jaja

MARTÍN: Se decía “antes se leía mucho y ahora con la televisión…”, cuando yo era chico el fenómeno de la televisión ya existía pero no su masificación. Con la masificación de la TV pasó lo mismo que pasa ahora con las redes y con la conexión permanente, porque eso que llamamos teléfono es una pequeña computadora y en general la gente está todo el tiempo conectada. Y esa conexión suele distraer y complicar las posibilidades de concentración y compenetración para la lectura. Esos datos existen. Esas variables existen pero, como digo, procuro no incurrir en las alarmas que en su momento provocó la televisión y más atrás habrá provocado también la radio. También habrá habido alguien que en su momento dijo que con la radio la lectura iba a morir. Y no murió. Y después se dijo lo mismo con la TV, cuando yo era chico. Me parece que no conviene plantear una especie de antinomia entre medios audiovisuales y la lectura como tal, sino tratar si es que se puede modos en que una cosa se acople y estimule a la otra. Pero esto todo un esfuerzo de optimismo que yo mismo me establezco para evitar cae en esto de que tiempo pasado fue mejor y a la vez es difícil no advertir que hay problemas. Entre los problemas hay emergentes que tienen que ver con la pandemia pero no solamente con la pandemia. Porque en parte es un problema previo y en parte es un problema posterior.

LINO: Sí. En los ochenta ya se decía que el sistema educativo estaba en crisis.

MARTÍN: Por eso te digo. Hay especialistas en la materia. No soy un especialista en ciencias de la educación pero soy un docente de lengua y literatura con más de treinta años de trabajo. He preguntado por esto y me he interesado por esto y sigo sin encontrar razones para que no se enseñe a leer ya en primer grado. Entiendo que estas medidas que han tomado y que en algunos casos se sostienen. Esto de elastizar y debilitar las exigencias porque un chico en efecto está en condiciones de aprender a leer y a escribir a los seis años.

LINO: Mucho antes incluso, suponiendo que estén dadas las condiciones.

MARTÍN: Sí. Antes incluso.

LINO: Algunos chicos a los dos, a los tres ya reconocen letras por ejemplo.

MARTÍN: Sí, quienes tienen esa inquietud, esa afición, a menudo entran a primer grado ya sabiendo leer. Podríamos mantener la idea del primer grado del colegio primario como el momento de incorporar sistemáticamente la adquisición de lectoescritura. ¿Por qué alargar ese proceso hasta los diez años? No entiendo. En nombre de algo que se ofrece como positivo, no presionar, no apretar clavijas en términos de exigencia, creo que en verdad no termina trayendo otra cosa que una quita de derechos.

LINO: Um.

MARTÍN: En nombre de los buenos derechos, como la inclusión, que son perfectamente válidos, se quitan otros derechos. La educación es un derecho. Si alguien puede aprender a los seis y se le hace demorar hasta los diez, se le está quitando un derecho.

LINO: Estoy investigando el tema. Estoy editando una colección de infantiles para niños con dificultades para la lectura. Se supone que para facilitar la lectura hay que usar mayúsculas. Son más fáciles de asimilar por el niño que está aprendiendo. Las minúsculas las inventó Alcuino de York a fines del siglo VIII y fueron un éxito porque cien años después las encontramos en la península itálica, Iberia, Bohemia y Escandinavia ¿con qué necesidad digo yo? Armó un quilombo. Las mayúsculas son feas de ver cuando se usan en más de un par de palabras. Capaz fue por eso.

MARTÍN: Si como dicen los especialistas el proceso de adquisición de la lecto escritura es mejor con las mayúsculas que enseñen lectoescritura en imprenta mayúscula pero que además enseñen la cursiva, ¿por qué eliminarla? ¿por qué recortar derechos?

LINO: Se lo quiere plantear como algo anacrónico, ¿para qué quieres escribir cursivas? ¿a quién le vas a mandar una carta? Las letras hoy son esas teclas que aparecen en el teclado y aparecen en la pantalla cuando las apretamos. Se acabó lo de dibujarlas indefinidamente. No se sigue haciendo. Eso de renglones y renglones de la “b”, renglones y renglones de la “c”. No se hace así ya. La evidencia sugiere que la caligrafía mejora cuando se practica sobre palabras, frases y no con la ejercitación mecánica porque se supone no mejora la escritura funcional ni la comprensión.

MARTÍN: Pregunto porque no soy un especialista, porque con estas nuevas metodologías de avanzada y nada anacrónicas hay un resultado generalizado, por lo que dicen, que nos da a un niño quien aún completada la primaria a los once años no terminan de comprender lo que lee. Leen un texto y no lo entienden. Me pregunto por la manera de procesar la relación con el lenguaje y la escritura. Porque apretar una tecla no es lo mismo que dibujar una letra.

LINO: Cognitivamente son dos procesos completamente diferentes. Es claro que uno es más precario que otro porque es apretar un botón, je.

MARTÍN: Entonces si son completamente diferentes, y si se está dejando de lado de la cursiva. Y si el proceso cognitivo es diferente en un caso y en el otro, pregunto ¿habrá alguna relación entre estas destrezas que se les está dejando de enseñar a los estudiantes y el hecho de que ofrezcan como ofrecen en porcentajes alarmantes dificultades para comprender lo que leen? En términos más generales diría ¿por qué restringir los conocimientos en vez de ampliar? Enseñar la imprenta y enseñar la cursiva (N. del E.: dice haciendo énfasis en la “y”) Y enseñar el tecleo. ¿Por qué restringir? ¿Por qué limitar? ¿Por qué enseñar menos? ¿Por qué apuntar a que aprendan menos cosas en la relación con la escritura y con el lenguaje?  Imprenta, cursiva y teclado. ¡Todo! Cuanto más aprendan mejor. Cuando más amplíen y diversifiquen su relación con la escritura mejor.  

LINO: No ves, ya te estás apasionando.

MARTÍN: Ah, sí. Claramente (N. del E.: riéndose)

LINO: Te escuché decir hace poco en relación al último resultado electoral, las legislativas de octubre de 2025, “ojo con creer que los otros son los tontos y yo soy el pícaro o el perspicaz”. Como que esos enunciados son árboles que entorpecen la vista del bosque. Que las feministas son piantavotos por ejemplo se repite mucho también. O dicho más afinado “porque la agenda se puso woke se explica este giro a la derecha”.

MARTÍN: Como criterio general uno adopta las posiciones que le parecen adecuadas, en lo absoluto. Esas frases me parece frágiles, torpes y equivocadas y lo sostengo. Por definición uno sostiene las posiciones que le parecen más lúcidas, más verdaderas y más atinadas. Eso no es lo mismo que practicar una y otra vez esta distribución de lugares. Yo soy el que tiene razón y el otro es el que está equivocado. Yo soy el sagaz el otro es el tonto. Uno tiene sus argumentos y es razonable escuchar los del otro e intercambiarlos y discutir y hasta pelearse si hace falta. Es importante no subestimar. Eso es algo que le debo en gran medida no diré a mi carácter sino a la docencia. De colocarse en situación de subestimación respecto de los estudiantes. O de colocarse en situación de considerar erróneo el aporte del estudiante. Si a las carencias las vas a resolver con subestimación vas a ser un muy mal docente. Lo que puede ser una equivocación en un planteo, una lectura que falta, para un docente no supone otra cosa que un estímulo para enseñar y no para desestimar o despreciar.

LINO: Se escucha bastante de boca de docentes universitarios que los chicos llegan sin saber interpretar textos.

MARTÍN: Hace rato hablamos de la adquisición de la lectura y la escritura en la escuela primaria. Ahora hablamos sobre cómo llegan a la universidad. Es decir, cómo fue la del secundario. A la vez en la universidad estamos formando docentes que trabajan en el secundario, o sea que no somos completamente ajenos. O no deberíamos serlo. Entonces sí creo que hay una discusión que en parte se desarrolla, en esta misma conversación surgió, de las dificultades desde los chicos de seis años hasta la universidad pasando por la escuela media. ¿Qué estamos haciendo mal nosotros? Yo tengo una comprensión lectora no por mérito personal sino porque soy profesor de literatura. ¿Qué sentido tiene colocarme en una situación de pedestal del desprecio y decir los estudiantes no entienden? Son varias las cosas que habremos estado haciendo mal. En la primaria, la secundaria y en la propia universidad, es decir, si vemos que leen y no entienden, si esto en alguna medida es así, más que en una reacción de desprecio, los docentes tenemos que hacernos cargo del problema y ver qué hacemos con eso. En primera instancia, esto es larguísimo no lo vamos a resolver ni en una entrevista ni en cien, lo que tiendo a percibir es un debilitamiento de la exigencia. Algunas decisiones que lucen amables, contenedoras, inclusivas, terminan siendo perjudiciales y un recorte a sus derechos de formación, por poner un ejemplo, ¿qué pasa con la posibilidad de dar textos áridos, difíciles, en la escuela media? No acuerdo con el criterio de darles textos más accesibles porque les va a gustar y los va a enganchar más. Para mí como docente no puede ser ése el criterio.

LINO: No desafiar.

MARTÍN: No estoy hablando de aburrirlos y desalentarlos premeditamente, claro que no. Nuestro desafío como docentes de literatura en la escuela media, en este caso, es formar al lector, no solamente satisfacer al lector que ya existe. Si el estudiante llega con ciertos gustos de lectura, le doy lo que le gusta para esté contento, el estudiante estará contento pero ¿qué aporté yo a su formación lectora? Me parece, digo me parece, no estamos haciendo una aseveración, que hay una cierta orientación de urgencia, de conformar y satisfacer el gusto existente. Con lo cual además los estamos despojando de una capacidad socialmente convocante que es la de interesarse por mundos ajenos al de uno. Una chica argentina de catorce, un chico argentino de dieciséis. Vamos a darle una historia de adolescentes de esta época. ¿Por qué? ¿No son capaces de interesarse por un tiempo distinto al de ellos? ¿Por un mundo distinto al de ellos? Generar y formar ese interés es parte de los derechos educativos que tenemos que darles. Aprender a abrirse a mundos que no son el de uno. En términos de accesibilidad, si le vamos a dar textos que ya pueden leer no los estamos dotando como docentes de las herramientas a las que tienen derecho para enriquecer su capacidad de lectores, para ampliar sus competencias de lectura. Nuestra responsabilidad como docentes es formarlos no entretenerlos y dejarlos contentos. Si no pueden con Borges en marzo, abril, no hay problema para un docente. Es un desafío para el punto de llegada en noviembre, diciembre. Dejar de dar Borges porque les cuesta me parece un error. Borges cuesta. Es muy difícil. Si alguien no puede vamos a hacer que pueda. ¿Le faltan herramientas, destrezas de lectura? Digo Borges por poner un ejemplo paradigmático. Dejar de lado un texto por creer que les va a costar es despojarlo del derecho de ampliar su formación y su capacidad de lectura. Pregunto, lo dejo como pregunta: ¿habremos estado haciendo eso demasiado?

LINO: ¿Y cuánto te baja la calidad eso?

MARTÍN: Me temo que sí.

LINO: Has dicho “aprender a abrirse a mundos que no son el de uno”. Me ha gustado eso, puede que sea el título de la entrevista (N. del E.:y lo fue nomás).

MARTÍN: Bueno, cómo no.

LINO: Para ir cerrando tengo una que le hacemos a todas las figuritas difíciles para mostrarles que la inteligencia artificial puede ser todavía un poco estúpida.

MARTÍN: jaja

LINO: Dice GPT 5 que sería bueno preguntarte. No nos parece tan buena la pregunta pero cumplimos con hacerla: ¿Qué te enseñan tus estudiantes sobre las maneras de contar el presente?

MARTÍN: No me parece tan mala la pregunta. Pero si pregunta la IA que conteste también poniéndose en lugar de mí a ver qué dice.

LINO: JAJAJA

MARTÍN: Si fueras Martín ¿qué responderías? Y listo. Que hablen entre ellas.

LINO: Lo voy a hacer y te voy a responder qué respondes en boca de la IA.

MARTÍN: JAJAJA bueno pero ése no soy yo.

LINO: Acá va:

MARTÍN powered by GPT5: Lo que me enseñan mis estudiantes sobre las maneras de contar el presente es, ante todo, que el presente no se deja capturar tan fácilmente. Ellos llegan con una disponibilidad distinta, más inmediata, menos respetuosa de ciertos protocolos narrativos que uno todavía conserva por inercia. A veces eso desconcierta, pero también es justamente lo que obliga a pensar. Me enseñan que el presente se narra desde una velocidad que yo no tengo, o que no tenía; que la percepción de lo contemporáneo está hecha de pantallas, de fragmentos, de interrupciones, y que eso no es necesariamente un defecto sino una forma —una forma que tal vez todavía no sabemos leer del todo.

Me enseñan, también, que la literatura no está obligada a ponerse solemne ante el presente; que puede ser irreverente, errática, incluso contradictoria, sin que eso implique superficialidad. Y algo más: que las preguntas que ellos hacen —a veces ingenuas, a veces incómodas— funcionan como recordatorio de que el presente siempre excede a quienes intentamos narrarlo. Que cada intento de fijarlo es apenas una aproximación. Bienvenida sea, porque las aproximaciones, al fin y al cabo, son la literatura.

LINO: Tienes que ser más lapidario sin perder lucidez, le digo a GPT corrigiendo el prompt. Martín no es tan vueltero.

MARTÍN powered by GPT5: Mis estudiantes me enseñan que el presente no espera a los escritores: simplemente los pasa por encima.

LINO: Antes de despedirme tengo algo lindo para decirte: has visto que cuando estás escribiendo algo y lees otra cosa se te puede inmiscuir el modo del otro en el propio. Cuando te leo, cuando estoy leyéndote, escribo mejor, o me gusta más cómo escribo (N. del E.: el entrevistador también escribe aunque claro, no se tira un pedo y le sale un libro como a esta bestia equilátera de la literatura). Como que uno queda infectado del decir de otro.

MARTÍN: Me ha pasado y es algo que valoro y que agradezco mucho a quienes lo han generado en mí, así que lo tomo como un halago mayúsculo y te lo agradezco mucho. Gracias por la entrevista también.

LINO: A vos, chango. Es un honor. Te mando el link cuando esté publicada (N. del E.: ya le mandé no sé si leyó pero conociéndolo muy probablemente lo hizo y de una sola sentada).

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