En este momento estás viendo JUEGA ANDRUETTO

“La diversidad es muy importante. En la vida, en la escritura, en la naturaleza”

María Teresa Andruetto es una escritora multipremiada y estamos chochos de poder contactarla. A quienes les comenté con júbilo que se sumaba al plantel de Figuritas difíciles me dijeron todos lo mismo: que no coincide del todo con la categoría por ser una persona muy accesible. Después se lo dije, en medio de la entrevista que fue un miércoles 22 de abril de 2026, por el viejo y querido medio de la llamada telefónica en tiempo real. Acá la transcripción de la conversación:

LINO: He estado leyendo Ecos de la lengua, porque acá conocemos bien el catálogo de Ediciones de la terraza, para hacerme el copado ahora y me ha hecho sentir que te encanta discutir sobre lengua. 

TERE: Es así.

LINO: Ya vamos a llegar ahí. Primero tengo otra pregunta que es ¿cómo le explicamos a un alienígena qué es la poesía?

TERE: (se ríe) No sabría cómo explicarle ni a un alienígena ni a un terrícola qué es la poesía. Sólo te diría unos versos del poeta Eugenio Montale que dicen No hay experiencia que capture el rayo / pero quien vio la luz nunca la olvida

LINO: Uff.

TERE: Pienso que la poesía es eso. Uno lee lo que llega como poema. Cuando realmente en esos escritos hay poesía aunque uno no sepa definirla la reconoce. Cosa que por cierto no siempre está en lo que aparece como poema, ¿no?

LINO: Uhum. Que se les escapa la poeticidad capaz.

TERE: (se ríe) No sé. Es un misterio cómo algo toma ese color y ese calor para que un otro lo reciba como poesía.

LINO: Qué hermoso lo del rayo y la luz que no se olvida. Cómo me has pegado. ¿Sabes? Un poco que que me cagaste la respuesta porque tenía preparado el remate “¡nosotros somos los alien, Teresa!”

(risas)

LINO: Y es lo primero que has dicho. Ni a un alien ni a un terrícola. A los santiagueños nos dicen fuera de Santiago que “hablamos bien” y con eso quieren decir que nuestro “castellano” suena tal vez parecido al de España. O sea que podemos oír algo de la colonialidad viva en eso de “hablar bien”.

TERE: Por el manejo de los verbos. De todas maneras cuando habla un santiagueño se nota mucha dulzura en la voz. En general los santiagueños que he escuchado, que son varios, si bien tienen el uso del tú o un vos con los verbos conjugados en la forma castiza del tú, también tienen otras variantes que hace que uno distinga que se trata de un santiagueño y no de un español de Castilla por ejemplo.

LINO: Poner los verbos al final. ¿Aquél quién es? Mi tío es.

(risas)

TERE: Cada lugar del país tiene usos distintos de la lengua y si lo llevamos al extremo, cada persona tiene un uso singular de la lengua. De eso se trata ¿no? En la escritura. En la poesía más aún.

LINO: Me tocas en mi particularidad con eso. Ya me empiezo a poner autorreferencial, cosa que me encanta: me dicen fuera de Santiago que no hablo como santiagueño. Será cierto refinamiento en mi lengua de universitario de clase media, media alta. Yo sé lo que quieren decir. Me quieren escuchar diciendo (y procedo a exagerar el acento) Eh, cumpa, alcanzamélo la carretilla así le hago mostrar a Jorge. Ese canto. Lo quieren oír. Que sería un habla del bajo pueblo, un habla más popular.

TERE: La lengua está atravesada por un montón de condiciones nuestras. El lugar donde estamos, donde nacimos al habla, también el lugar físico geográfico, el contexto familiar, la formación, la preparación que se tiene, la edad, la época. Muchas variables que entran en la lengua que hacen que en el fondo de la cosa cada uno de nosotros tenga un matiz singular y ese matiz es lo que da personalidad a lo que hablamos. Si a eso lo llevamos a la escritura, lo que uno busca cuando escribe un cuento, un poema, una novela, es una lengua singular y privada en el mar de la lengua social.

LINO: Te consulto sobre el castellano neutro, soy psicólogo, y leer aquella ponencia de cierre del Congreso Internacional de la Lengua Española de 2019 fue importante para que tuviera una actitud más combativa, como psicólogo que trata con padres con niños que hablan así. Tal vez antes era más paciente y a partir de ahí empecé a entender que uno habla la lengua que escucha y por eso pasa también que al que se va a Buenos Aires al poco tiempo ya empieza a hablar como bonaerense.

TERE: A veces hay una influencia de los medios, de la virtualidad en las palabras y los modos de expresión que los niños a lo mejor toman y que son propias. Se busca esa neutralización desde afuera, esa pérdida de singularidad, porque de ese modo lo que se hace sirve para muchas más personas. Lo que se gana en expansión para que un libro funcione en muchos lugares, o un programa de televisión, o un corto, se pierde en profundidad. El arte trabaja sobre esa singularidad, sobre la profundidad, sobre lo particular.  No sobre la generalización de la lengua. Ni de ninguna otra cosa.

LINO: En este libro que mencioné de Ediciones de la terraza planteas una metáfora con el monocultivo. Con la depredación de la variedad.

Tomamos prestada esta composición de la web de Ediciones de la terraza

TERE: La naturaleza se aviene mejor en la diversidad que en lo monocorde, en el monocultivo que destruye, que empobrece. Lo mismo pasa con la lengua. Se busca una lengua igual para todos los que vivimos en un lugar o en otro, los que tenemos una edad u otra. Se pierda la riqueza de lo diverso. La diversidad es muy importante. En la vida, en la escritura, en la naturaleza.

LINO: Hace poco le escuché decir a Walter Lezcano que el futuro es de la diversidad, que el futuro es transicionar de género.

TERE: Claro. La diversidad en todo aspecto es inclusiva. Puede cobijar a todos sin necesidad de dejar de ser lo que uno es. Para ser otra cosa. Para ser como todos. Eso lo podés llevar para varios lados, ¿no? No sé en qué contexto lo ha dicho (N. del E.: yo tampoco sé en qué contexto lo dijo porque lo escuché en un videoreel de Instagram, pero no se lo dije a Tere por vergüenza). Vale para la lengua, para los movimientos de lucha y vale para la naturaleza también por supuesto. La naturaleza nos enseña esa diversidad que no debemos destruir.

LINO: Uhum, sí. Acá tenemos muchos campos con soja.

TERE: Claro, acá también.

(risas)

LINO: Sabemos lo que le va a hacer al suelo, entonces…

TERE: Por supuesto. Lo depreda.

LINO: Um. Es difícil ser optimista.

TERE: Así es. En las fisuras del sistema uno intenta hacer algo, ¿no? Sino la parálisis significa dejar que otros hagan lo que quieran. Intentamos, desde distintos ángulos, hacer. Entrar por esas fisuras del sistema y hacer algo.

LINO: Evitar la interpretación autocompasiva y derrotista.

TERE: Hacer algo con otros. No sé si por otros. Con otros. Tejer redes.

LINO: Lindo lo que dices porque esta es una época de egocentrados.

TERE: Hay un poema de João Cabral de Melo Neto, gran poeta brasileño, que dice un gallo solo no teje una mañana.

(silencio)

LINO: Le pregunto mucho esto a los entrevistados, sobre el futuro, porque me preocupa. Gala Cacchione, periodista especializada en tecnología, me dijo “no se le puede decir a toda una generación que no sabe leer” (N. del E.: pueden leer la entrevista acá: https://linolibros.com/moltbook-asombro-o-escepticismo/).

TERE: No, claro.

LINO: Mejor hablar de lo que se puede ganar, dice Gala.

TERE: Tampoco es así. No es solo por la negativa sino por la generalización. No se puede generalizar de forma tan absoluta.

LINO: Hablando de diversidad…

TERE: Exactamente.

LINO: A varios años del debate, te juro que ya voy a dejar de insistir con el tema, ¿crees que el campo lingüístico e institucional ha avanzado en incorporar esas discusiones o persisten las mismas resistencias?

TERE: Creo que se ha avanzado en las discusiones. En Argentina es un debate muy antiguo que empieza con el romanticismo. Con los cuatro grandes románticos involucrados en lo que se llama la discusión sobre la lengua. Sarmiento, Gutiérrez, Echevarria y Alberdi. Discuten con representantes españoles sobre qué lengua qué seguir aquí. El español de España o dejarlo que crezca a su aire. ¿Qué hablar acá? Cuando se acaba de producir la independencia. Es una cuestión que campea toda la historia del pensamiento argentino. A veces más, a veces menos, me parece que está emergiendo más la discusión. Hoy se defiende más la diversidad de nuestra lengua. Las diferencias y los matices de nuestra lengua están más en discusión.

LINO: Uhum. Salú por eso.

(risas)

Tere y su ponencia de cierre del CILE 2019. La foto la tomamos prestada de una nota en la web de TN.

LINO: Tu intervención también dejó en evidencia una incomodidad: lo no dicho – particularmente en torno al lenguaje inclusivo- como síntoma de una política lingüística restrictiva. ¿Crees que esa omisión fue un gesto deliberado de clausura o más bien la expresión de una dificultad estructural para alojar lo emergente?

TERE: No sé cómo se organizó el congreso, sí que fue en España. En ese momento estaba muy en el tapete el lenguaje inclusivo, cosa que hoy menos. Era muy notable que no hubiera una mesa sobre eso. Más allá de eso creo que fue muy importante por lo que visibilizó. Luego, en el uso cotidiano, se incorporan algunas maneras pero no veo que pueda sostenerse tan bien en la escritura. En la narrativa, en la poesía, no he visto tantas expresiones. No sé. Me parece que hay algo que puede funcionar en la comunicación. En general ha entrado en las aperturas, en los cierres, pero no se sostiene, en líneas generales, no se sostiene en un texto extenso, ¿no? Lo que pasa es que los cambios en la lengua son lentos y vienen permeando de abajo hacia arriba. El lenguaje inclusivo es una operación política. Quizá no transforma tanto a la lengua desde adentro pero sí pone visible a las condiciones de género y eso me parece muy importante.

LINO: Una posición política porque se trata de hablar. De cómo hablar. Me rodeo con militantes de género que sostienen ese discurso.

TERE: Son formas  que funcionan en ciertos espacios y sectores, en la militancia por ejemplo, pero que no han permeado en todas las capas sociales, en la vida rural, en los pequeños pueblos, en la cordillera, en la ancianidad. Es una estrategia de visibilización muy importante, con la que acuerdo, pero no me parece que haya transformado tanto la lengua.

LINO: Es que no depende de la voluntad de los agentes. Vamos a ver qué pasa. Destacabas que podía ser chocante o violento ir a una comunidad y hablar así.

TERE:  A una comunidad o a un vecino, porque hay un deseo y una necesidad de empatía con el otro en el uso de la lengua, una búsqueda de modos que no alejen, que acerquen distancias en la comunicación.

LINO: Uhum.

TERE: Es complejo y cada situación es singular.

LINO:  La lengua es contextual también ¿no?

TERE: Claro, en una asamblea, en un movimiento universitario, en un sector joven. Pero no funciona en todas partes. Las modalidades de la lengua, cualesquiera sean, no funcionan en todas partes. Porque dan cuenta de las condiciones del hablante, su formación, su edad, su procedencia, la época de vida.

LINO: Uhum.

TERE: Eso es la lengua. Todo eso es la lengua.

LINO: Conozco personas del siglo veinte que están encerradas en sus modos de decir y escribir en el siglo diecinueve.

TERE: Sí, claro. ¿Por qué no? La lengua es de cada uno de nosotros pero no sólo de cada uno de nosotros. La lengua es mía pero no sólo mía. Es de la comunidad. Y dentro de la comunidad encuentro mi modo de hablar por distintas circunstancias. Un modo singular que a la vez está dentro del mar social de la lengua.

LINO: Y tenemos una diferencial capacidad de agencia. Porque si, por ejemplo, Fito Páez dice “dio las doce el clock” y empezamos a discutir si acaso eso es colonialismo. Y es algo diferente a lo del castellano neutro.

TERE: Por supuesto.

LINO: Tengo unas preguntas más si estás dispuesta.

TERE: Sí, claro.

LINO: Pavese/Kodak parece construirse sobre una tensión entre memoria y registro, como si la experiencia necesitara volverse imagen/texto para existir. ¿Esa operación busca preservar lo vivido (como en el poema en el que, no me acuerdo bien el contexto, pero hay una mamá que dice “ayer hice dulce de duraznos” y un yo poético que le responde que “hablaron de mi libro en el diario”) o más bien, evidencia la imposibilidad de acceder a una memoria que no esté ya mediada, fragmentada y, en algún punto, ficcionalizada?

TERE: Te referís al poema que se llama Visita. Me parece que son un poco distintos. Primero está Pavese y después vino Kodak. Los dos trabajan sobre la memoria pero me parece que en Pavese está esa frase del mismo Pavese que dice que “recordar es volver a vivir algo”. Darle una segunda oportunidad a lo vivido por su existencia en la memoria. En el caso de Kodak si bien se trabaja con la memoria, se trata de una escritura que se vuelve austera. Lo que a mí me interesaba era la mirada. Cómo mirar una escena de la memoria y dar cuenta de ella sin tanta interferencia del yo como aparece en Pavese.

LINO: Qué buena distinción.

TERE: No sé si lo he logrado.

(risas)

TERE: En Pavese el peso del recordar es más expansivo. En Kodak esa que recuerda, que es una proyección de mi persona, el yo poético, se abstiene todo lo que puede. Hay un trabajo fuerte de abstención de interferencias emotivas para tratar de dar cuenta de una imagen para que, en todo caso, si es posible, se emocione quien lee.

LINO: Eso sí que sí. Apunta al corazón.

TERE: (risas)

LINO: Creo que la gente de mi generación leyó ese libro en la colección Pez náufrago de Ediciones del Dock. Tremendo el catálogo de esa colección. Consagratorio pertenecer diría. Quiero preguntarte con qué libro te sentiste consagrada o te la empezaste a creer como autora.

TERE: Consagrada no sé. Sí que hubo libros que marcaron una bisagra. En ese sentido Kodak en la poesía y Stefano en la narrativa, que coinciden más o menos temporalmente, son libros en los cuales yo siento que encuentro una voz que reconozco como más personal llamémosle. Unos cuantos años después la novela Lengua madre marca como otro hito para mí. No sé qué decirte.

LINO: Al público que lee estas notas le va a encantar tu respuesta.

(risas)

Algunos de los libros de Tere sobre los que hablamos en esta nota.

TERE: Con los cuentos para adultos, Cacería por un lado y después No a mucha gente le gusta esta tranquilidad que creo que son cuentos ya de madurez. Pero yo sentí cuando escribí Cacería,que es anterior en casi veinte años al siguiente libro de cuentos No a mucha gente le gusta esta tranquilidad, sentí que estaba haciendo un esfuerzo de oficio, técnico, para poder decir lo que quería, lo que sentía, como un salto de escritura. Un salto que no tiene que ver con el reconocimiento exterior. Un salto interno para ir hacia una complejidad de situaciones humanas en las que no había estado. Cacería es mi libro de cuentos de los cuarenta años y No a mucha gente le gusta esta tranquilidad es de fines de los cincuenta, principio de los sesenta, años míos ¿no?

LINO: Sí, claro. Hablemos un poco de tu escritura para las infancias que evita la condescendencia y la pedagogía explícita. En ese gesto, ¿hay una toma de posición frente a cierta tradición de la literatura infantil que tendió a moralizar la experiencia lectora?

TERE: Claro. He escrito para jóvenes lectores con el mismo tipo de búsqueda en la lengua que en los libros para adultos. Lo que me interesa a mí es una experiencia de la lengua. Si uno trabaja sobre la ambigüedad de la lengua, los estereotipos de la infantilización y demás, se caen. Lo primero fue en 1993, El anillo encantado, que por cierto no sabía que podía ser un libro para jóvenes, fue una decisión de una editora que siempre agradezco. Eran cuentos breves que a ella le pareció que podían entrar en un libro juvenil. Desde entonces a hoy el campo de la literatura para niños ha cambiado mucho. Ha crecido en calidad literaria, en ambigüedad, en trabajo con la lengua, porque también ha crecido mucho la crítica y la investigación. Es un campo que no deja de enriquecerse desde hace cuarenta años. La conformación de un campo de literatura para jóvenes se da en Argentina en los años ochenta con la recuperación democrática. Más allá de que antes haya habido grandes escritores como María Elena Walsh, Syria Poletti, María Granata, Javier Villafañe, etc. Como campo de investigación, trabajo y difusión, no deja de crecer en cantidad de autores, en calidad de textos e ilustraciones, en presencias fuera del país, en profundidad de la crítica, en investigación y en espacios de formación.

Este título de 1993 marca el inicio en Tere de la escritura para jóvenes

LINO: Como que pasa de pulp fiction a mainstream.

TERE: No todo es mainstream, hay mucha experimentación también y de diversas calidades. En cantidad y desarrollo se mira el campo de la literatura infantojuvenil en Argentina como un terreno rico. De hecho hay muchos premios internacionales para ilustradores y autores. Hay un crecimiento muy grande.

LINO: Lo que quería decir es que en un momento se pone seria la cosa. Como le ha pasado a la ciencia ficción, o al policial, luego al policial negro. Empieza a hablarse en las universidades…

TERE: Sí, claro. Es materia de estudio. Hay carreras, seminarios, etc. Creo que no ha hecho más que hacerle bien al campo y sobre todo a la formación lectora en la infancia.

LINO: Uhum, totalmente. Yo con esto ya estoy más que feliz.

TERE: (risas)

LINO: Te voy a pasar el texto antes de publicarlo.

TERE: Sí, por las dudas haya dicho algo confuso. No te voy a cambiar las respuestas. Es solo una miradita, por la oralidad ¿viste? El otro día dije algo mal, me confundí con un autor y bueno, no sé.

LINO: Sí, claro. Conta con eso. Va a ser una hermosa entrada de texto. Cuando le comenté a amigos que te conocen que logré incorporarte al plantel de Figuritas difíciles más de uno me dijo “pero Tere no es difícil, no la puedes poner ahí porque ella es muy accesible”.

TERE: La Tere no es difícil. Exactamente. No soy difícil ni quiero serlo.

(risas)

LINO: Qué lindo que te conozcan por accesible. Lo puedo comprobar. Te lo agradezco mucho. Es una enseñanza sobre humildad. Ya sabrás de mí de nuevo. Soy editor también pero te juro que no va a ser para sacarte texto.

TERE: (se ríe) De acuerdo. Un abrazo.

LINO: Otro. Y gracias de nuevo.

Deja un comentario