Sofía de la Vega (Tucumán, 1993) es autora, editora y gestora cultural. Es una de las organizadoras del Festival Internacional de Literatura de Tucumán (FILT) que con cada edición sigue creciendo. En octubre de 2025 publicó con Alfaguara (disqlpá) De los potrillos nacen ríos, un libro de cuentos de los que dice Selva Almada en la contratapa que “a simple vista podrían confundirse con el fantástico, pero responden a las realidades complejas y a veces extrañadas que se traman lejos de las grandes ciudades”.

El jueves 4 de junio de 2026 conectamos por llamada telefónica. Los dos somos millenials y tenemos recuerdos infantiles de juegos que involucraban al disco con el que se marcaban los números en los teléfonos fijos. Si bien hablamos por celular el formato de la “conversación larga” recuerda a aquella vieja práctica de la conversación telefónica de línea.
LINO: Durante el transcurso del primer texto, Tincazo, me he dejado llevar. Uno acepta muy pronto el pacto de lectura. En la tercera oración que es la quinta línea de texto. Imagino que le pasa a casi todos los lectores. ¿Decimos o no que el narrador protagonista es un caballo? Da mucha curiosidad y lo trágico sigue siendo lo trágico. Lo que te quiero preguntar sí que es un spoiler porque es sobre el título del libro. Me parece una genialidad la ocurrencia. La búsqueda poética. Porque no es un texto que vayas a encontrar en el libro sino que es una alusión a una imagen onírica de un caballo. Tiene mucho sentido que un caballo que presenció un alumbramiento pueda después hacer esa asociación en sueños. Cuando uno descubre eso ya queda encantado y es el primer cuento recién. Contame del título por favor.
SOFÍA: No me gusta que las cosas sean previsibles ni responder a lo que se espera. Por eso me costó un montón ponerle un título al libro. En realidad fue lo último que me hice. Me pasaba que mis cuentos comparten cierto mundo pero también son muy distintos entre sí. Tampoco tenía ganas de ponerle el título de un cuento, cosa que hacen muchos escritores. Porque pensaba que eso sería darle más protagonismo a uno en particular y no creo que haya uno que sea el más importante aunque el del caballo es muy aclamado.
Antes de De los potrillos nacen ríos, tenía un título larguísimo que sí era una frase textual de otro de los cuentos y me decía a mí misma “qué bajón: la gente no se va a acordar”. Entonces pensé que todos los cuentos tienen algo de “transformación”, ¿no? Los personajes mutan, se vuelven otra cosa, tampoco están tan claras las diferencias entre la naturaleza y lo humano. La leyenda en sí de estos caballos que inventé, que les sale agua y tienen un poder eterno, era también una metáfora de lo que pasó en el cuento. En el final del último cuento vuelven a aparecer estos caballos, entonces me parecía lo más indicado que haya una referencia, como cerrando el círculo.
LINO: Pensaba que podía haber detrás una historia de pelea con editores. Es muy habitual esto de “título xyz y otros cuentos”.
SOFÍA: Cero pelea con mi editora, me ayudó de una manera increíble y supo entender lo que quería hacer porque es Maga Etchebarne que también es una escritora de cuentos lujo.
Me parece que el libro está cerrado en su universo. Entonces no le entraba el “y otros…”. Porque no son “otros”. Sería un poco injusto.

LINO: Antes te había dicho de cierto “rulo” en Animalitos en gravidez que al lector le hacen sentir que el autor es pícaro o está jugando con uno. Por los diferentes sentidos de la concepción que están puestos a jugar. Puede leerse como un cuento sobre el discurso. Sobre los discursos. Uno universitario, culto, con toda justicia podríamos decir europeo. Otro popular, nativo, situado. Me da gracia cuando a las cosmovisiones de los pueblos pre hispánicos se las califica como “pensamiento mágico y animista”. Como si fuese que lo otro es sentido común.
SOFÍA: En ese cuento quise trabajar sobre los prejuicios de clase dentro de la provincia. Yo me crié en una clase media muy prejuiciosa, a mi me tocó la suerte de ser curiosa entonces los prejuicios se me fueron volando. Por eso me divertía que a la protagonista veterinaria le falla lo que a Ratón no. Él es más noble y un poco se lo ve en el otro cuento.
Otro prejuicio que quería trabajar era el de los porteños con los curanderos. Salieron este último tiempo diferentes libros con visiones desde Buenos Aires poniéndolos en un lugar exótico y negativo. Como si lo que es occidental es malo, volvemos a la época de la conquista se ve. En el norte es lo más natural, todo el mundo va. No hay una distinción de los efectos de la magia entre clases sociales. Lo que me interesaba era cruzar un poco los sentidos. Ratón, sin hacer mucho (o sí), ayuda a la mujer a tener una mejor vida…
LINO: Lo no occidental como brujería.
SOFÍA: También está la idea deque los curanderos hacen daño. Esa es la concepción de alguien que no conoce, porque puede haber magia buena o mala, pero encima el curandero justamente cura otros cuerpos, otras mentes, otros espíritus. Es un tipo de conocimiento pleno, apostado en esta telaraña que es la humanidad. Pero como generalmente los usos son peyorativos me interesaba desandar eso, y creo que se logra, porque mucha gente me dice que lo quieren al Ratón. Es un personaje querido.
LINO: Por noble. Sabes que en la presentación de El truco nacional, ese libro de Mario Flores que te vendí, Sol Aliverti dijo que destruye al coach ontológico y reivindica al curandero.
SOFÍA: Ah, me encanta.
LINO: Más o menos la operación que me estás describiendo.
SOFÍA: Vos podés creer o no en lo que el curandero hace. Pero él, de verdad cree y justamente… ¿por qué vamos a que nos tiren del cuerito o nos curen del mal de ojo? Es un tipo de conocimiento. El coach ontológico tiene esa cosa atravesada por el capitalismo.
LINO: ¡Te quieren cagar! (N. del E.: La interrumpo me doy cuenta cuando desgrabo, tengo que ser menos ansioso).

SOFÍA: Claro. El del curandero tiene que ver con un conocimiento colectivo. Ahí se ve justamente que no maneja un precio claro.
LINO: Con un paquete de yerba alcanza (N. del E.: la interrumpo otra vez).
SOFÍA: Tiene esa otra urdimbre profunda que tiene que ver con algo más cultural.
LINO: ¿En Tucumán hablan del empacho?
SOFÍA: Re. Hay un montón. Los curanderos son muy comunes. Cuando era chiquita iba a una señora para que me tire el cuerito. Cuando pasaba un tiempo y no iba, pedía por ella y me largaba a llorar. A mi mamá le asustó esa “adicción” y decidió cortarlo de raiz. Pero yo siempre tuve un acercamiento a lo “irracional”, a lo espiritual, a lo que está mas allá. Estas creencias son nuestras. Todas las clases las toman. No es “lo otro”. Eso me gusta del norte: que está todo mucho más mezclado.
En Las salamancas de Lorenza. un libro de Judith Faberman que leí hace poco, habla sobre los juicios a brujas en el Santiago del Estero colonial y muestra cómo cuando no se sabía porque se había ocasionado una muerte se condenaba a mujeres indígenas, que en otro momento con sus poderes habían ayudado a los blancos. Ahí se ve la paradoja y cómo ya en esa época se condenaba esta creencia alternativa y colectiva.
LINO: Sigue hasta el día de hoy. Pero sería con los umbanda. Los umbanda ligan la criminalización. Son “tonterías de africano” y lo otro sería “dogma católico”. Otra pregunta: en Más fácil es creer en Dios hay principios de clasificación social que están operando. Blancos que son privilegiados, marrones que son perjudicados. A veces tres líneas de un cuento hacen lo que un manual de sociología no logra.
SOFÍA: Me interesaba mostrar cómo se configura la sociedad tucumana que para mí es re compleja y particular. Pero también quería que ese contar de esta sociedad sea divertido. En Tucumán te divertís solo con la gente. Acá en Buenos Aires bueno… te pegás un embole. Acá las estructuras son más planas y alienantes. Allá siento que para bien o para mal están más cruzadas las líneas de clases sociales, de etnias, no sé si porque es muy chico y estamos todos amontonados o qué. Quería mostrar eso en los cuentos. Me inspira Truman Capote que tiene esto de mezclar edades, clases sociales. Que la cosa no sea entre pares.
En Tucumán al menos, es difícil elegir escribir sobre una clase social en particular en el sentido de que está todo muy interrelacionado. Lo interesante es poder contar esa mixtura.
LINO: Es imposible. Por ejemplo: estamos en un country, todo muy fifí, ajá pero ¿quién limpia los baños?
SOFÍA: Total. Y acá en el norte sigue existiendo mucho “cama adentro”.
LINO: Sí… (N. del E.: hago un silencio largo, no de incomodidad sino de producción, después cuando desgrabo me doy cuenta que estoy saliendo completamente por la tangente, inteligente hubiera sido decir que más vale que es un trabajo honesto pero también que hay que aprender a limpiar la propia mierda, ¿no?) Perdón que vuelva un poco para atrás. Me acuerdo de encontrar, haciendo trabajo de archivo en hemerotecas, notas en los treinta, cuarenta, y anteriores también, una de 1917 me acuerdo, este tratamiento de lo brujo, lo indio, en definitiva lo no católico. Perdón que vuelva para atrás. Me ha gustado la idea del personaje recurrente. Me refiero al Ratón, el curandero. Como que le hace bien al dispositivo libro.
SOFÍA: Vos dices que le hace bien al dispositivo libro porque es un personaje que une.
LINO: Claro. Uno termina y siente “esto es algo más que un conjunto de textos”.

SOFÍA: Lo que tenía ganas de hacer era algo así como Nueve cuentos de J. D. Salinger (N. del E.: tampoco leí, debería leer más.) Me quedé obsesionada con la familia Glass y cómo se relacionan los personajes en diferentes obras. Y acá los que lean con atención se darán cuenta de esta conexión entre los cuentos (N. del E.: ¿acaso esta tucumana insolente está insinuando que no leí en detalle? Bueno, se la dejo pasar pero solamente porque es famosa): lo del Ratón, el caballo que sale al principio y al último, después la vieja que habla con el kinesiólogo es la misma a quien se le cae el techo de la escuela. En mi mente dialogan, no importa si se nota o no. Son diferentes estadíos de los personajes. Había otros cuentos después que no quedaron. De Ángel y Julio más grandes en una cosecha de limón. No salió bien ese cuento pero la idea era que se pueda seguir las aventuras de los personajes o que haya cameos.
LINO: Digo que hace más que un “conjunto de textos” porque de otro libro de cuentos no relacionados para nada, extraigo uno y lo leo y no pasa nada. Y acá es diferente. Algo nos perdemos si salteamos, si no leemos entero, porque nos perdemos ese jugueteo que viene con el conjunto. ¿Idea tuya o había una editora pechándote ahí?
SOFÍA: A mi editora le llegó el libro muy terminado, con muchas lecturas y correcciones encima. Lo de la interconexión entre los personajes estuvo desde siempre, desde que empecé a escribir los cuentos. Mi editora sí me ayudó con otra parte fundamental que es el orden. Fue cambiando y también le dio mucha fuerza para que se puedan destacar estas uniones.
También con mi editora debatimos mucho por el cuento del perro chiquito, es el único que es corto, más como una escena. Pensaba en ponerlo primero o al último y fue mi editora la que propuso que sea como un parteaguas entre los cuentos.
LINO: Fue una excelente decisión poner Tincazo primero para que el lector se encuentre con ese juego que te decía del título ahí. Uno queda enganchadísimo. Y el segundo cuento como te decía es muy bueno. Entonces si uno viene del primero diciendo “mirá lo que me viene haciendo esta autora” con el segundo ya da la idea de que todo el libro se va a defender. Otra pregunta: ¿Cómo te sientes con el mote de escritora de provincia? A nosotros nos encrespa porque pensamos que subalterniza con un solo gesto. A los de ciertas provincias capaz no se los presenta así. Benita, un personaje de María Lobo dice en Ciudad, 1951: Venís de la provincia y la provincia no es un lugar importante. Sos mujer. Ya sabés que nadie va a prestarte atención de otro modo. Soy un caniche que salta, eso es todo. Y un poquito más adelante sigue con: cuando alguien te pone en un lugar supuestamente importante (…) para rellenar un cupo (…) estás ahí porque alguien ha querido señalar que tenés algo de valor a pesar del lugar donde has nacido. Perdón, Sofía, si es un asunto con el que te insisten mucho. (risas) Queremos conocer tu posición. A nosotros los santiagueños nos hacen repetir toda la hora “el perro y la carreta, el perro y la carreta”.

SOFÍA: El otro día estaba en una mesa con Selva Almada, que es re generosa. La chica que hacía las preguntas era muy amorosa, muy joven también, y lo primero que nos preguntó es qué sentíamos por ser escritoras regionales o rurales. Selva le dijo “todos los lugares son una región y Buenos Aires también”. Yo le dije que no quería ser peleadora pero que me molestaba que lo regional se pegue a lo rural. Porque decir que el interior es todo ciudad también es falso. Se convive más con la diversidad. Es lo que traté de hacer con los cuentos, desde lo social como hablamos antes, y también desde el paisaje. Tucumán es así y creo que Santiago también. Estás en una ciudad y en una hora ya estás en el campo. En Buenos Aires no pasa, por estar mal urbanizada creo, por darle la espalda al río. Parece una ciudad continua. En las provincias se mantiene esa multitemporalidad que me parece más interesante. También porque son más antiguas que Buenos Aires. Por cultura y paisaje, ya sea en Santiago con el monte o en Tucumán con la montaña, o en Misiones con la selva, esa determinación del paisaje hace que el humano no pueda diversificarse al igual que en la llanura, ¿viste? Esa diversidad de paisaje y urbanística va generando otra complejidad. Como pasa en Río de Janeiro, por ejemplo. No es como Buenos Aires que es ciudad, ciudad, ciudad. Por eso es tan mezquino y tan poco prolífico que nuestra literatura sea “del río de la Plata”. Nos limita muchísimo y por eso “mi lucha”, entre comillas, es diversificar. No es antiporteñismo ni decir “ay, no nos dan bola”. Porque se que los motivos tienen que ver con algo histórico, económico, una cercanía al puerto.
No me siento muy identificada con la cita del personaje de María Lobo. Porque nunca sentí la exclusión ni me sentí un caniche. Trabajo con escritores de Buenos Aires desde los veinte años y siempre el respeto por el festival y mi escritura fue inmenso. Lo que sí hay a veces es algo de exotismo. Hay gente que dice “bueno, ella escribe otra cosa porque es de Tucumán” y de alguna manera no entro en competencia con la gente de Buenos Aires. Pero también escribo ensayo o reseñas que no están tan marcadas por mi lengua y se juegan otras cosas que fueron también muy bien recibidas. El problema, creo yo, es que hay un ensimismamiento muy podrido en Buenos Aires que los perjudica a ellos mismos, esta concentración siempre parece estar a punto de explotar. Por eso creo que el mercado se abrió un montón a las provincias, porque la misma gente de Buenos Aires se cansó de leerse entre ellos mismos.
LINO: Jeanmaire me contó que después de Miguel, que fue finalista del Herralde, las editoriales empezaron a contactarlo, a preguntarle qué tenía. Imagino que algo así pueda pasar con vos ahora. Imagino estarás chocha.
SOFÍA: Cuando gané el premio Proa por una novela que todavía no publiqué, ahí sí me pasó que me comenzaron a escribir. Con el premio y con esta publicación mi vida de escritora profesional tomó otro rumbo. Antes estaba más en posición de gestora, de organizadora, en CABA trabajo de prensa también. Publicar en una editorial tan grande te da mucha visibilidad. Con todos los pro y las contras que pueden tener las decisiones que uno toma, entre los pro está la visibilidad. Está muy distribuido por todos lados.
LINO: Hablemos un poco del FILT. Qué lindo es el paso del tiempo. Me lo he cruzado ahí en Tucumán en 2015 a Mario Bellatin y a Martín Kohan. Después en 2022 en La Plata me lo volví a cruzar a Mario y le manguié una contratapa. A Martín lo entrevisté para esta web también y sin esos contactos anteriores hubiese sido más difícil.
SOFÍA: Hay cosas re lindas que se dieron con el FILT y que no nos imaginábamos. Fue re especial porque como me decís no solo fue para nosotros. Nunca lo pensamos así, nunca fue “queremos que sea el evento de Blas, Ezequiel, y Sofía”. Siempre invitamos a todos los que pudimos. Buscamos la variedad y las invitaciones no estaban hechas por nuestro gusto sino por tratar de leer el campo (N. del E.: acá la hubiera interrumpido para decirle que “campo” es un uso conceptual muy generoso y que a Pablo Donzelli le sugerí hablar de momento de “la hectárea”), entre lo que necesitábamos y lo que conseguíamos. Nuestra motivación era darle un poco más de vida acá, bah allá (dice riéndose). Siempre siento que estoy en Tucumán. Y siento que se fue logrando. Por eso cuando estuve en Córdoba me gustó verlos a ustedes (N. del E.: Sofía fue una de las invitadas especiales, junto a Alejandra Kamiya, María Gainza, Esther Cross, Elvira Hernández, Camila Vázquez, y Paulina Cruzeño a la Tilde 2026, una feria de editoriales que se hace en Córdoba y crece año a año, allí hablamos del estado actual del campo, digo, de la hectárea, y de las editoriales santiagueñas y tucumanas ahí presentes). Le compré a varias editoriales santiagueñas que me encantan. Me interesa más allá de Tucumán, la región norte. Tengo relación con los chicos de La singularidad del libro, de Catamarca, que me encanta lo que hacen. Hacer una movida, sacar una editorial, hace que otros también se muevan. Eso el norte lo recuperó. A los golpazos por la economía. Y creo que en el norte es siempre peor y se sufre un poco más. Que se esté manteniendo la resistencia es un montón.

LINO: ¿Alguito que se pueda anticipar de lo que viene? Sino hablemos de las repercusiones. Ya son muchos años de trabajo sostenido, ¿en qué año fue el primero?
SOFÍA: El primero fue en 2015. Yo era re chiquita, tenía veintiuno. Ni sabía qué estaba haciendo. Fue un milagro en mi vida porque de muy chica pude estar en contacto con la literatura contemporánea que por ahí a uno le parece re lejana o no la entiende. También pensar la literatura como algo que no hace uno solo sino que se hace con otros. Eso estuvo buenísimo. Es un festival que la gente lo valora un montón y siempre quieren venir, así se arma un clima re lindo. Logramos un público fijo que va y otro que se renueva. No es que sea gerontofóbica pero se logró un público joven que a veces es difícil de captar. Estamos orgullosos. Iremos viendo qué sucede con la vida. Tenemos proyectado uno un poco más chico para este 2026. Es un año muy duro, va a ser quizá un FILT con ciertas adaptaciones a la época. Pasaron más de diez años y la vida de todos va cambiando, se va modificando, entran y salen proyectos.
LINO: Sí, por supuesto. Solo en términos económicos no son las mismas obligaciones que tienes a los veintiuno que hoy en día.
SOFÍA: Totalmente. Tenemos que pensarlo. Hay muchas cosas que están en diálogo. Es un trabajo gratuito que nos encanta hacer y en algún momento creo que puede mutar. Es la idea seguir apostando por Tucumán y seguir haciendo cosas.
LINO: Es buenísimo lo del propio público. No es que diga “ah van Bellatin y Kohan, voy” Ahora ya puede ser “No sé quiénes son esos que van pero deben ser como Bellatin y Kohan, voy”. Se ha ganado su propia capacidad de producir capital simbólico.
