Lucas Cosci escribe sobre Qué es América Latina hoy (Futurock, 2024) de Marco Teruggi
Un viaje es una travesía a través de planos y distancias. Travesías en el espacio, travesías en el pensamiento, travesías en el lenguaje y en nosotros mismos. Viajar es explorar el mundo de los otros o el de uno mismo por el rodeo de otro.
Marco Teruggi viaja por América Latina y el mundo para responderse a sí mismo una pregunta: “¿Qué es América Latina hoy?” Pregunta de dudosa respuesta, o de respuesta abierta o controversial; nunca unívoca, ni definitiva; nunca firme, como a lo mejor se espera de un título. En este caso es una pregunta estallada, rota, que interpela al pensamiento en los bordes del dinamismo de lo real. Solo la experiencia en el terreno puede aportar algunas pistas para articular significados que alienten alguna expectativa de claridad. Viajar es una experiencia interpretativa. Los desplazamientos en el espacio son desplazamientos en el sentido. El que viaja de un lugar a otro no es solo un contemplador, sino además es un productor de significados.
¿Qué es América Latina hoy? Crónicas políticas es la propuesta de Marco Teruggi publicada por Ediciones Futurock en 2024. Hijo de argentinos, este cronista ha nacido en París, lugar donde ha vivido hasta el año 2003, en que decide regresara la tierra de sus padres. “Soy argentino y también francés –declara– o más viceversa aun”. Es autor de poemarios, reportero especializado en América Latina y el Caribe, y analista internacional.
Teruggi viaja como corresponsal por las grandes ciudades del continente y recolecta experiencias y sentidos. Camina, viaja en taxi, escucha, deja hablar, observa, se involucra. En definitiva, se deja invadir por los espectros de los lugares que visita.
Estamos frente a un ambicioso proyecto por el que el autor busca responder el interrogante que da título a la edición, mediante un encadenado de crónicas que escribe en cada ciudad por la que le toca transitar como corresponsal. Quito, Montevideo, Santiago de Chile, Sao Pablo, y Caracas son algunas de las diecinueve ciudades recorridas. El libro es el fruto de sus viajes, y sus viajes son la búsqueda del libro. Esta correlación no es en absoluto fortuita, sino un proyecto deliberado. “Diecinueve meses de viaje y escritura, tantos aeropuertos iguales salvo por las artesanías y acentos, horas de jet lag hacia adelante o hacia atrás, un recorrido por doce países de Latinoamérica, algunos visitados en dos oportunidades”.
Son veinte crónicas más una introducción y un epílogo, en las que se relatan las incidencias de cada ciudad. Los tiempos van desde junio de 2022 hasta diciembre de 2023. Una introducción fechada en Cuba en marzo de 2024 y un prólogo de Gabriela Rivadeneira, fechado en México un mes antes.
Cada nota se inscribe en un punto fijo del espacio, una fecha y una hora determinada. Las crónicas latinoamericanas de Marco Teruggi se construyen a partir de un relato inscripto en la densidad de un instante desde el que remonta los procesos sociales y políticos. A partir de allí, cada crónica rescata los acontecimientos locales y los incrustaen el tapete de un mapa más amplio,que comprende el continente y el mundo. Se entreteje una urdimbreque remite nexos de sentido entre lugares y momentos para mostrar la lógica global de un capitalismo a escala planetaria.Se trata de una trama de espejos por la que el continente en su conjunto proyecta un juego de refracciones con los procesos y sucesos locales. Y los procesos y sucesos locales reenvíana su vez señales de significación a escala continental.
Una característica que destaca a la propuesta es la visualización de los hilos de sentido que hilvanan el conjunto de la región y que muestran que lo que sucede en cada país y en cada ciudad es parte de una dinámica común. En sus inicios confiesa: “Surgió a su vez la necesidad de pensar las realidades nacionales en perspectiva regional y global, ver cada país en el espejo continental”. Sigue: “Lo que pasa en ciertos lugares suele ser premonitorio de lo que vendrá en otros”.
Cada ciudad es una pieza de un rompecabezas nunca completo, siempre en construcción, cuyo sentido se abre camino en la perspectiva de conjunto. A medida que avanza la lectura se configuran las formas visibles de un mapa de América Latina y del mundo, cada vez más alejado de la imagen que el canon liberal ha impuesto.
Este creo es uno de los secretos del libro. Nos aporta unaperspectiva geopolítica que permite interpretar cada fenómeno de nuestra historia reciente en el marco de las relaciones de poder en el espacio. Lo político es una cuestión de espacio. El poder se organiza y distribuye con desigual intensidad en un sistema de fuerzas y contrafuerzas entre centro y periferia, entre totalidad y exterioridad, entre inclusiones y exclusiones, que abren posibilidades a unos y obturan a los otros. El espacio no es uniforme. Hay relieves y depresiones que colocan a las sociedades y a los grupos en posiciones desiguales. El mundo se abre y se contrae, según el lugar en donde estemos parados.
Desde una perspectiva de escritura, son relatos compactos. Escritas en un lenguaje llano, las crónicas políticas de Teruggi alcanzan una potencia narrativa por momentos escalofriante, a través de recursos y procedimientos de alto voltaje. Hay intriga y hay reflexión. Los escenarios son aeropuertos, hoteles, calles, plazas, taxis, lugares públicos en los que día a día se libran pequeñas batallas. La narración es en primera persona y conjuga lo anecdótico personal con lo común.
Esta es una de las notas que distinguen a los escritos: la composición de una trama en la que lo personal se entrelaza con lo social y lo político. Cada texto se construye desde la experiencia intransferible de un transeúnte que recorre las ciudades para luego abrirse hacia una experiencia común y a la vez escindida, donde los sentidos se disputan a escala continental y planetaria. Por ejemplo, en Montevideo, a partir de la referencia del viaje hacia la chacra de Pepe Mujica en que describe características del mate que en ese momento le ceba un compañero; entre comentarios sobre el sabor de la yerba, salta a las elecciones de Brasil, a la crisis política de Argentina sobre el final del gobierno de Alberto Fernández, a la guerra de Ucrania y más.
El presente se entrelaza con el pasado. Cada texto remonta los procesos históricos locales para encontrar los focos de sentido que iluminan los procesos en el tiempo. En el texto sobre Montevideo retoma la lectura de América en el Ariel de José Enrique Rodó, desmonta el mito “de una América sin indios, negros ni mestizos”, para luego remontar la historia de Artigas “El padre de los pobres”, el que “organizó la Unión de Pueblos Libres o Liga Federal en 1814” y, en el mientras tanto, analiza el presente de Uruguay, para luego volver al relato hacia lo personal con la mención de la compra de un mate en la terminal, hecho que le permite reflexionar sobre la economía de este país. En esos desplazamientos se construye cada crónica.
Lo local se entrelaza con lo regional y lo global en un análisis cuya perspectiva geopolítica ha sido construida desde la distancia que permite la visualización del conjunto. “Me reconozco en América Latina lejos de ella”.
La literatura impregna la realidad y la ilumina desde adentro. Textos y autores de la mejor literatura latinoamericana intercalan sus voces con las del cronista como un modo de abrir sentidos en la mirada sobre la historia y el presente. Rodó, García Márquez, Isabel Allende, Neruda, Bolaño, cruzan resonancias en medio del estruendo de nuestra realidad.
¿Qué América Latina hace visible este libro?
La propuesta saca a la superficie una América que es un campo de desplazamientos tectónicos que hacen de la historia un mecanismo pendular, proyección de las disputas por el sentido en planos micro y macro.
Tensiones entre integración y desintegración, entre derecha e izquierda, entre poder fáctico y poder popular, entre democracia y autoritarismo, entre violencia e institución, entre la comunidad política y los advenedizos que cruzan fronteras para cosechar (outsiders). Este continente se define como una montaña rusa palante y patrás, por lo vertiginoso de los procesos.
América Latina es un espacio geopolítico en el que la democracia está puesta en entredicho o languidecida por los intereses corporativos, a la vez que expresa búsquedas de nuevas formas que la revitalicen. Esta tensión en determinado momento ha dado lugar a la emergencia de movimientos sociales de diversa naturaleza (indígenas, campesinos, feministas) como reacción a la desigualdad y a la exclusión, así como “estallidos y levantamientos”, “desbordes democráticos con la participación de las clases subalternas”, politizaciones generalizadas. Pero también ha dado lugar a “una sucesión de revanchas y reacciones conservadoras expandidas a partir de 2015”. Momento en que se precipita un resurgimiento de las derechas, bajo el canto de sirena de outsiders aventurados, en maniobras de desestabilización democrática o golpes blandos, en formatos impensados.
“Democracias condicionadas, asediadas, limitadas, restringidas, democracias menos democráticas”, es el saldo en definitiva de este giro de timón, que los argentinos mismos estamos padeciendo.
La mirada panorámica de la historia de América Latina, encuentra un momento clave de integración regional y reducción de desigualdades que se proyecta a lo largo de los primeros quince años de este siglo y coincide con los liderazgos más emblemáticos de la época: Hugo Chávez, Pepe Mujica, Lula Da Silva, Néstor Kirchner, Rafael Correa, por nombrar los más conocidos, para luego precipitarse en caída libre por los avances del orden neoliberal que arremete con una línea de los llamados outsiders, cuestión que aparece una y otra vez en los análisis como síntoma de época. Bolsonaro, Bukele, Milei, son precipitados de la historia. El problema para el autor no es quién ocupa un lugar, sino las circunstancias que lo hacen posible. Estos advenedizos se decantan porque antes se han generado condiciones que han dado lugar.
¿Cuál es al fin la respuesta que ensaya Teruggi para la pregunta que encabeza el título? Si esperamos una respuesta a modo de definición, no la hay. Ningún pasaje presenta una conceptualización taxativa de la identidad de la región. Lo que encontramos a lo largo del libro son sugerencias, pistas, insinuaciones y algunas conjeturas.
La pregunta está historizada: ¿Qué es América Latina hoy? ¿Cuál es la configuración que asume en el presente el bloque geo-histórico-cultural que llamamos América Latina? No hay una América Latina intacta e invariable. Lo que hay es una realidad dinámica, escurridiza, en permanente reconfiguración y disputa. América Latina tiene la estructura de un campo de fuerzas, un juego de tensiones en permanente desplazamiento. Las placas tectónicas se mueven bajo nuestros pies y los temblores repercuten en un andar inestable.
En definitiva, América Latina es un esfuerzo de ser sin nunca llegar a consumarlo, una búsqueda desesperada.
El análisis presupone un concepto posmetafísico de identidad, según el cual, lo que es se proyecta como un histórico llegar a ser, que mantiene las marcas del proceso. “La identidad como capas, huellas de los demás sobre uno, momentos, marcada por los lugares donde se tuvo que partir o se es feliz”, la identidad en suma es también un viaje.
Nuestro recorrido por el libro finaliza con una pregunta, que queda abierta para el lector, como una compañera que incomoda: “¿Continente que casi nunca pudiste ser finalmente serás?”
La respuesta es una tarea.
