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Una literatura sin libros

María Belén Aguirre es una editora y escritora multipremiada. Es un honor poder contar con su palabra. El medio fue la famosa y bien llamada telefónica en tiempo real, el día veinte de mayo de 2026. Acá la transcripción de la conversación:

LINO: Primero quiero hablar sobre un elefante en la habitación que solamente veo yo. Ya ni disculpas pido por ponerme autorreferencial y temo que termine entrevistándome a mí mismo en algún momento.

MARÍA BELÉN: No tengo problema en entrevistarte.

LINO: El elefante es que más de un año después de que ganaras el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes en 2020 con Siamesas, me enteré que mi novela Los pozos había llegado a la final. Capaz te sirve saber eso para terminar de entender porqué te quería entrevistar. Qué gracioso que vos puedas ni saber quién es alguien y para ese alguien sos la que me ha ganao.

MARÍA BELÉN: Entonces soy tu contrincante. Deberíamos batirnos a duelo ¿no? Es lo que corresponde en estos casos.

(risas)

Edición de Ayarmanot (2021)
Edición española de La máquina que hace PING! (2023)

MARÍA BELÉN: Mirá… no lo sabía. Te felicito. Porque llegar a finalista no es algo menor; significa no solo haber atravesado un filtro literario exigente sino también haber conmovido a subjetividades diversas.

LINO:¿Qué te tengo que decir yo a vos?

MARÍA BELÉN: ¿A qué género pertenece tu libro? Porque recuerdo que eran varios en aquel concurso. Novela, nove la gráfica, cuento, ensayo y lo más desconcertante… la poesía, sobre todo si pensamos que la convocatoria había demarcado su propuesta: terror, fantástico y ciencia ficción. Recordemos, además, a propósito del elefante en la habitación que solamente vos ves que por entonces quien estaba a cargo de la Dirección de Letras del FNA era la escritora Mariana Enríquez. ¿Qué otro desafío podíamos esperar de una rupturista como ella? Prefiero pensar esta convocatoria, que tanto revuelo generó, desde un lugar más sencillo: la literatura como común denominador.

LINO: Esa sería la primera pregunta de tu entrevista a mí. Me gusta para donde está yendo esto.

MARÍA BELÉN: Dale. Contanos, ¿a qué género pertenece tu novela?

(risas)

LINO: Es ciencia ficción. Se publicó en 2024 en Edunse y la presenté así: Esta es la novela a la que le ganó María Belén Aguirre.

MARÍA BELÉN: Ah, vi el tráiler de Los pozos, y no sabía a quién preguntarle ¿Dónde puedo ver esa película? Qué bueno que en Santiago del Estero estén haciendo ciencia ficción. ¿Sabés? Cada vez que pienso en Santiago, recuerdo al poeta Luis Palacios. Cuando Luis falleció en Tucumán, donde residió en sus últimos años, para mí Santiago del Estero desapareció del mapa de la Argentina. Tal y como si él fuera un lugar. Cuando Rilke murió, Marina Tsvietáieva le escribe una carta a Boris Pasternak diciéndole algo así como “nunca más iremos a ver a Rilke. Ese lugar ya no existe”. Algo así sentí.

LINO: Le conocí a Luis. Al Luis poeta y al Luis difusor de literaturas. Hacía un programa de radio en la UCSE hace muchos años.

MARÍA BELÉN: Sí.

Incluida en Matorral. Fotografía de Sandra Aguirre

LINO: Tengo preguntas para la María Belén escritora y actora del proceso de crecimiento editorial en Tucumán más o menos hacia el año 2010. Me interesa esa historia de la edición y noto un hueco en la generación anterior a los autores/editores que hoy rozan los cincuenta años. Entran ahí Daniela Rafael, Pablo Donzelli, Lucas Cosci, Diana Beláustegui, y otros. Alguna vez en una nota les llamé “huérfanos culturales” en el sentido de que no les resulta fácil señalar a un maestro o a un conjunto de personas guía. Ese hueco que noto coincide con la feroz matanza de la última dictadura. Quiero consultarte por aquellos años cercanos al 2010, si puedes hacer a la distancia un diagnóstico del panorama editorial de aquellos años. Y si puedes reconocer influencias o personas guías.

MARÍA BELÉN: Es una pregunta difícil. Difícil porque remontarme a ese pasado es complicado. Hay muchas cosas que he olvidado. Tal vez debí comentarte eso antes de la entrevista. Voy a tratar de recordar. Por aquel entonces no había más que pequeños grupos emergentes. Gente que leía sus textos sin mayor motivación que la de ser escuchados. Recitales que tampoco eran numerosos. Recuerdo, no ya en el ámbito de lo estrictamente literario, que había un incipiente intento por activar una cultura que estaba adormecida o medio muerta. Había un ciclo de cine al que solía concurrir. No había proyector, pantalla gigante ni acondicionamiento sonoro alguno. Pero sí un televisor casero 12 pulgadas y un reproductor VHS. Veíamos cine de culto. Todos apretujados en torno al artefacto en una biblioteca popular. Ahí aprendí algo muy importante, que no importa lo rudimentario, si de todas maneras logramos que las personas se reúnan en torno a un acontecimiento estético. Lo que realmente importaba era la posibilidad de descubrir a autores que tal vez de otra manera hubiésemos tardado en conocer. Recuerdo que el coordinador del ciclo nos exhortaba diciéndonos, por ejemplo presten atención al sonido. El sonido es fundamental. Y es algo que también los escritores solemos descuidar. Es como si todos los demás sentidos no existieran. Y retomando lo que te decía, fue ahí que comprendí que no hacía falta prevenir demasiado al espectador y, por analogía, al lector. “Emancipar”, como diría Rancière, de eso se trata. Diferente es el caso de esa gente que explica mucho antes de leer… Hay que confiar en la obra. Confiar en que esta puede valerse por sí misma.

LINO: Este poema lo he escrito cuando se ha muerto mi papá y me he tenido que volver de Córdoba…¡dale, lee!

MARÍA BELÉN: No tanto así. Respeto la breve introducción. Pero prefiero ir descubriendo el poema y sentir cómo el autor ha gestionado, siguiendo el ejemplo que citaste, ese duelo; a cuál de la batería de recursos retóricos apeló, qué decisiones tomó. En cuanto a las editoriales había una llamada Brillovox, en la que publiqué Viaje a Lituania, mi primera novela. Brillovox, ese homenaje a las cajas de brillo de Andy Warhol; era una propuesta independiente donde abundaban libros pequeños, fanzines, adorables. Algunos venían en cajas de CD. Eran verdaderos objetos de arte. Los editores, así como los autores que publicábamos ahí, entendíamos el valor de la interdisciplinariedad. Literatura, artes visuales, música, juguetes electrónicos intervenidos… todo era potencialmente materia cultural. Recuerdo que los libros eran expuestos como en verdaderas muestras de arte contemporáneo. Era jugar. Era hermoso. Pero no reconozco ni influencias ni personas guías.

LINO: Me gusta tu reflexión sobre los pequeños públicos y los pequeños objetos. Que igual haya arte ahí.

LINO: Muy originales, ¿no?

MARÍA BELÉN: Muy originales.

LINO: Sabes que tengo interés en la historia reciente de la edición en el norte argentino y había escuchado sobre ellos como referentes en esos años.

MARÍA BELÉN: Creo que en Santiago estaba la Jeta literaria.

LINO: Sí. Se juntaban a leer y a discutir. De ahí salió un sello que se llamó Perras negras y una revista de narrativa que se llamó Los inquilinos.

MARÍA BELÉN: Gracias por los datos. Porque me había quedado con la Jeta literaria y un libro naranja tapa dura en mi cabeza.

LINO: La Antología jetona.

MARÍA BELÉN: Esa, sí. En materia editorial solo los conocía a ellos. Entiendo que los escritores seguramente publicaban. Pero no era tan evidente y cuantioso como ahora. O al menos yo no lo sabía. Siento que actualmente asistimos a un fenómeno inverso, el de la publicación frenética. Lo interpreto como el síntoma de un gran vacío personal y colectivo, y de una necesidad imperiosa de validación. Digo que en medio del horror vacui de la existencia, buscamos algo capaz de otorgarnos, devolvernos o reivindicar una identidad, una pertenencia.

LINO: Me gusta pensar eso asociado a la historia de los vaivenes del prestigio de ser narrador o poeta. Entonces nos paramos en 1945 y prestamos atención al renombre de la época y nos fijamos qué pasa en los siguientes diez años. En un momento no había duda de que la narración había ganado la partida, digamos hacia los setenta. Me acuerdo de una antología de crítica de Elsa Drucaroff que tenía ese título: La narración gana la partida. Walsh sentía y decía que para ser escritor en serio había que tener la novela.

MARÍA BELÉN: Y en cierta medida, más allá de que no comparto su parecer, es evidente el lugar preponderante del género narrativo. A tal punto que advierto la migración, por llamarle de algún modo, de los poetas hacia ese género. Porque aunque la poesía sea un género valiosísimo, no alcanza para el mercado editorial y cultural, la misma estatura. Y hay además un elemento que tal vez estamos perdiendo de vista. El dinero. Teniendo en cuenta que más allá del prestigio y de la “portación de libro”, las ediciones en el noroeste argentino (y me atrevería a decir que la de todo nuestro país) son predominantemente ediciones de autor. Esto es, solventadas por el autor. Y ahí se me viene a la memoria Rosario Bléfari y su Diario del dinero. Parece pecaminoso hablar de dinero ¿no?  Y sin embargo, es determinante a la hora de concretar proyectos. ¿Y qué más? ¿Ves? Ya me perdí.

LINO: Para mí venimos perfectos y tenemos que dejarnos llevar. Cuando dices pecaminoso, sobre el dinero, pienso también en cierto sentido práctico. Imaginate que esta conversación la tenemos en un café.

MARÍA BELÉN: ¿Quién paga?

(risas)

LINO: Yo porque invité, ¿no? Pero seguro te sentirías un poco incómoda llegado el momento, ofrecerías cubrir la mitad. No, María Belén, yo te convoqué, ¿ah? Ahí también nos toca lo pecaminoso.

MARÍA BELÉN: Es incómodo hablar de dinero y no así de literatura. Hay algo fálico en la economía. Lo atraviesa todo. Pienso en el Obelisco como el símbolo de eso. Hay algo sexual ahí y no sé porqué estoy diciendo esto…

LINO: Pienso en el poder. No se puede tener mucho dinero sin tener mucho poder al mismo tiempo.

MARÍA BELÉN: Es cierto. Y puede proceder del hecho de tener dinero pero también de publicar un libro. Era la idea, creo, de antes. Personalmente pienso en la innecesariedad de publicar un libro. Me parece maravilloso que los demás publiquen. Yo por ahora no, aunque después la vida haga de las suyas. Por eso te planteaba cuando conversábamos la otra vez: Hablemos de una literatura sin libros. Sin esa urgencia por publicar. El libro credencial. Por ahí no va la literatura. Puede haber literatura sin obra. Y prestigio sin libro. Pero nos sinceremos, el canon (que es de lo que en el fondo estamos hablando) es un tema en vías de desaparición.

LINO: Cambiaron los medios y los públicos.

MARÍA BELÉN: Totalmente. Y ya que estamos, podríamos pensar en Macedonio Fernández. Él venía de publicar poemas y relatos dispersos en revistas. Lo que hoy llaman OFL, obra fuera de libro. Si no fuera sido por la insistencia de algunos escritores contemporáneos no hubiese publicado nunca. Por eso debemos agradecer el gran trabajo de su hijo Adolfo. Fue Adolfo quien reunió, compiló, transcribió y sistematizó la obra de su padre. ¿Te imaginás ese trabajo teniendo en cuenta la letrita ilegible de Macedonio?

Macedonio es un vanguardista y unos de los exponentes de la literatura experimental y expandida. Él fue capaz de ponerse por fuera de su propia obra y decir: “esta novela es mala”, o “esta novela es buena”. Estoy hablando de Adriana Buenos Aires (Última novela mala) y de Museo de la Novela de la Eterna (Primera novela buena). Es decir, él ejerce a la vez la doble función de autor y crítico literario. Nosotros hablamos de posmodernidad…Pero pará, ¿y Macedonio? Todo el mundo cree que es Gutenberg o Tesla y que ha inventado algo. Soy olvidadiza pero hay cosas que no puedo olvidar. La gratitud hacia quienes nos precedieron.

LINO: Me has preguntado sobre lo clasificatorio del Figuritas difíciles. Me has dicho que sos de las personas que entiende que clasificar es establecer jerarquías que pueden ser tremendamente violentas. Los mecanismos de lo consagratorio es un tema que nos resulta interesante y con el que insistimos. María Lobo nos dijo algo muy hermoso que es que el aplauso solo hace ruido y no interviene en el campo cultural. Que en general se legitima lo dominante, los temas y los géneros de moda. Me habías dicho por whatsapp que ampliaríamos sobre Pirandello y su relación con la posmodernidad.

MARÍA BELÉN: Cuando hablamos por teléfono pensé que hablaríamos de Pirandello, del teatro pensando en el teatro, y específicamente en aquella ocurrente obra en la que seis actores buscan un autor. Esa vuelta de tuerca es clave para pensar qué se espera de la literatura. Esa torsión es fundamental. Pero al final se me cruzó Macedonio y te terminé hablando de él. Y lo peor es que siento que todavía me quedan cosas por decir. Y aquí es posible advertir cierto parentesco entre los autores que te nombré. En ambos hay una suerte de puesta en abismo de la literatura. De un género pensándose a sí mismo. Tomemos por caso Museo de la Novela de la Eterna; ahí la novela piensa en la novela. ¡Y va incluso mucho más allá cuando se atreve a clasificar los tipos de lectores… llegando al extremo de escribir un prólogo para cada estereotipo!

En cuanto a los aplausos, estoy totalmente de acuerdo con lo que dijo María. También comprendo que esas validaciones son pueriles e infantiloides. Cada uno lleva a sus amigos. Yo soy persona de pocos amigos.

LINO: (risas)

MARÍA BELÉN: Y hay amigos que aplauden más fuerte que otros. Por ahí no pasa la validación. Pasa por la obra literaria que es en definitiva lo que va a quedar. Ni siquiera pasa por el sujeto empírico que la produce. Estamos pero no estamos. Yo escribo desde el futuro y miro al pasado de este presente donde ya no estoy. Es una operación de abstracción, de supresión de uno por uno mismo. Eso me da la distancia necesaria como para juzgarme críticamente. Esa ausencia, esa inexistencia de mí me liberta, Marito. Es la creación del espectro lo que me interesa. Y mirá que no produzco una obra escatológica, escabrosa ni políticamente peligrosa (¿o sí) como la de Osvaldo Lamborghini, por citar un ejemplo. Y ahora que lo pienso conversando con vos, siento que asistimos no ya a la hibridación de los géneros, sino a la disolución de los mismos.

LINO:Te agradezco el ritmo con el que vienes hablando. Por lo general hablo en 1.5x. Los que me conocen y me quieren en un momento me dicen “Pará Marito” y ya no me ofendo porque al callarme siento la paz que estaba interrumpiendo.

MARÍA BELÉN: ¿Decís que estamos en 1.5?

LINO: No, porque vos propones el ritmo de la tranquilidad y me vas llevando. Te digo, es casi terapéutico.

MARÍA BELÉN: Ah, yo me autopercibo 2x.

(risas)

Capaz tengo una percepción distorsionada.

LINO: No, al contrario. Suena pacífico. Hablemos sobre la traducción de Viaje a Lituania y de Matorral, que será presentado a finales de julio en el Centro Iberoamericano de Moscú. Qué cosa hermosa lo que sucede con las traducciones, ¿no?

Tapa de Brillovox de su edición de 2009
Matorral por Rideró (2026) Traducción al ruso de Pavel Alioshin

MARÍA BELÉN: A mis alumnos les doy un consejo. Les digo: cuando escriban piensen que van a ser traducidos al chino mandarín. Eso amplía nuestra conciencia sobre el lenguaje. El lenguaje se universaliza mucho más, no por los tópicos que en, en definitiva, son siempre los mismos. Sino en la claridad y la transparencia a que tiende la escritura sin perder por eso su valor literario. No sé francés ni ruso, ni portugués, ni italiano, ni croata. Pero confío en mis traductores. La legitimación de los traductores proviene de los autores a quienes estos han traducido, aunque suene paradójico.

LINO: Ahhh te juro que no lo había pensado así.

MARÍA BELÉN: Bah. No sé. Eso creo.

LINO: A ver contate una de esas experiencias.

MARÍA BELÉN: No, yo no sé nada.

LINO:No, digo, de la experiencia anterior que sepas de tus traductores.

MARÍA BELÉN: Te puedo contar de mi traductor actual, mi favorito. El poeta Pavel Alioshin. Él es además historiador de arte y crítico literario. Yo leí hace unos cuatro años un poema suyo en español. Lo grabé. La grabación llegó a él a través del escritor Eugenio López Arriazu. Él nos presentó. Casi de inmediato, en 2022, Pavel tradujo casi la totalidad de Siamesas y una selección de poemas de mis Diecisiete criaturas de la desgracia. Y lo que empezó siendo un vínculo mediado se transformó en un vínculo directo y un intercambio poético prácticamente diario. Así nuestra amistad y mutua admiración fueron creciendo, hasta el punto de que Matorral lleva como arte de cubierta un grabado realizado por su madre, la artista Elena Aleshina (y en interior un registro fotográfico de mi hermana Sandra Aguirre). Él es un poeta exquisito. Pavel ha traducido para Rusia la obra de Alfonsina Storni, Federico García Lorca, Borges, Ricardo Güiraldes.

Matorral está disponible para su venta en Europa, y próximamente podrán pedirlo por Amazon.

Algo que me llama la atención y me descoloca como lectora suya es su optimismo. Me pasan cosas desconcertantes cuando lo leo. A veces me escribe sobre la muerte de un abuelo y acto seguido me habla de la primavera, de las primeras flores emergiendo de entre los restos de nieve. Ahí comprendí ese juego de claroscuros entre nuestras respectivas obras. Mientras yo escribo una obra predominantemente oscura, él una enceguecedoramente luminosa. Creo que ese contraste produce algo, quizás un equilibrio sin el cual este planeta no podría sostenerse en el cosmos.

LINO: Hacen sombra.

(risas)

MARÍA BELÉN: Pero el portugués fue mi primera experiencia, muy linda también. Mi traductora es Dia Nobre, una narradora muy leída en Brasil, la publicó Planeta el año pasado. Cuando Dia tradujo Praga en dos, se encontró con algunos obstáculos. Más que nada sobrenombres o expresiones que no entendía. Ella me consultaba y yo al no saber portugués no podía orientarla. Estamos hablando de una publicación de 2012. Igual con una explicación bastaba.

LINO: Justamente eso es lo que no puede traducir Google: la intención del que habla. Por eso te vas a encontrar un “I got here” por “Hasta acá llegué” como expresión de hartazgo. Una expresión más adecuada sería “That´s it” o un más hastiado “I´m done”.

MARÍA BELÉN: Claro. Te digo “claro” por decir nomás. No sé nada de inglés. Pero entiendo perfectamente lo que me decís.

(risas)

La experiencia con el francés en Canadá fue, como todo, un acto de fe. Me habían elegido como poeta de la generación del setenta. Estaba también Elena Anníbali, Irene Gruss, Jorge Boccanera, Fernando Noy, Esteban Moore, Alicia Genovese. La traducción estuvo a cargo de Flavia García. Es un libro cuyo recorte epocal remonta a los poetas nacidos entre los años sesenta y setenta. Anthologie de poésie argentine contemporaine. Groupe Nota bene, Triptyque; Québec fue un proyecto del Ministerio de Relaciones exteriores y culto de nuestro país.

La trilogía de Gualandi, publicada por La papa entre 2022 y 2025

LINO: La crítica destacó la originalidad de Ubi sunt. ¿Te sientes a gusto con esa lectura?

MARÍA BELÉN: Sí, me siento a gusto con ese elogio. Para mí Ubi sunt es un libro completamente experimental. Además es la primera vez que asumo por completo una identidad masculina. Luego lo haré también en Mancebo de Saló.  Un rasgo de, llamémosle, “originalidad” me lo marcó el poeta Emiliano Bustos, hijo del poeta Miguel Ángel Bustos.Él recalcó el sentido del humor para abordar un capítulo horrendo de la historia argentina. La desaparición de su padre cuando él era muy pequeño. Él decía que siempre hubo un tratamiento desde un hiperrealismo morboso y romantizado. Tardé un tiempo en mostrarle mi libro. Pensaba que Emiliano se iba a enojar conmigo. Me sorprendió que sucediera todo lo contrario. Quise repensar, por ejemplo, para el capítulo de “Velar libros”, un intertexto con el Quijote y su “velar las armas”. De ese modo, Ubi sunt me permitió repensar la relación entre las armas y las letras, aquella reflexión planteada por Cervantes adentro mismo de su novela. ¿Ves? Otro modernista. En ese capítulo, te decía, unos jóvenes entierran sus libros “peligrosos”. Entre esos jóvenes está el Flaco Spinetta. Lo coloco en medio de una ficción por su condición de coetáneo. Por otra parte está la decisión de que el título fuera en latín. No te imaginás la alegría que me da cuando me dicen “leí Ubi sunt”. Escuchar hablar en latín a un mocoso o a personas que no estudiaron latín, nos devuelve un pedacito de nuestro pasado lingüístico. Quiero aclarar a quien la leyera, que es una biografía apócrifa de Bustos, porque no murió en un vuelo de la muerte. Eso fue algo que decidí deliberadamente. Quería que mi personaje deviniera pájaro tras el arrojo. Ese devenir pájaro, aquí nos ponemos deleuzeanos, durante la caída en el Río de la Plata es el engranaje de un montaje que desde el principio pensé para hilar mi Trilogía de Gualandi, publicada en su totalidad por La papa. En esa editorial hallé lo que Tucumán nunca me dio: una generosidad sin codicia. Te decía…cuando Miguel Ángel deviene pájaro, aparece el segundo libro: El cielo desde abajo, que originalmente se llamó El vuelo de los yacos.

Ubi sunt me permitió, mediante ciertas incorporaciones, hacer una crítica no solo a la sociedad y a los militares, sino también a la iglesia católica. Porque en esos vuelos de la muerte, los jóvenes abordo de aviones Twin Otter, dopados con inyecciones de ketalar, eran arrojados al Río de La Plata, pero antes un cura los bendecía con agua bendita haciéndoles la señal de la cruz.

Hay datos verdaderos. Traté de construir la verosimilud todo lo más que pude a través de mucho trabajo de investigación. Y luego tergiversé a sabiendas.

LINO: Qué horror.

MARÍA BELÉN: Esa fue la forma que encontré para poder introducir mi crítica a la iglesia. También la música popular funciona en el libro como un elemento para entender la hipnosis de la época. La felicidad de Palito Ortega suena en el centro del libro. Mi idea era humildemente homenajear a Saer y a su novela Nadie nada nunca. En esa ficción saeriana, los personajes suben el volumen de la radio para no escuchar los disparos en un afuera donde cada mañana encontraban caballos muertos; ciertamente una metáfora. La música funciona no solo como un distractor, sino también como un dispositivo de complicidad. Me gusta pensar en la música que se produce hoy. Se está produciendo un ruido que interfiere nuestra comunicación.

LINO: Te agradezco la conversación. Me ha encantado este ritmo al que me vas llevando. Por mí ya re estamos.

María Belén en Suben a la cúpula, el 15 de julio de 2022

MARÍA BELÉN: Pero no hemos hablado de nada, Marito, todavía (N. del E.: vamos cincuenta minutos de conversación).

LINO: Eeeeeeeso. No te quiero cansar, ¿sabes?

MARÍA BELÉN: No me cansás en lo más mínimo.

LINO: Bueno. Si me permites te hago una más.

MARÍA BELÉN: Dale.

LINO:Tu editorial homenajea a Macedonio Fernández (Ediciones de La Eterna, refiere a su Museo de la Novela de la Eterna). Te pregunto sobre el porqué de ese homenaje y también sobre tu selección actual de autores uruguayos. 

MARÍA BELÉN: Hay un personaje en la novela de Macedonio que es la Eterna, su musa; es algo así como la Laura de Petrarca o la Beatrice de Dante. Cuando Macedonio la describe, al leerlo yo sentí que él estaba hablando de algo más que de una mujer. Estaba hablando de literatura. Lo que se lee y no se olvida. Lo que de olvidarse te deja lisiado.

Te leo un fragmento: Descripción de la Eterna. Quien pasa delante de ella pierde el don del olvido, y si puede olvidarla es un lisiado. Quien no puede olvidarla se detiene y la comprende. La ama sin resignación posible. Y a quien da su voz le da lo que nadie pudo hasta ahora. Un pasado. El que quiera. Le cambia la historia.

Te leo hasta ahí. En este proyecto editorial me acompaña actualmente Andrés Kischner, él es además de editor, poeta, filósofo y compilador de la obra completa de Enrique Santos Discépolo. Hace poquito salió el Tomo I dedicado al Teatro.

La idea de nuestra editorial era reivindicar las voces argentinas. Eso se logró y mucho. Hemos publicado a autores de casi todas las provincias argentinas. El proyecto ahora está retornando con una obra magnífica. Se llama El olvido es una fosa común, del poeta y cineasta uruguayo Leandro Taramasco; él obtuvo el año pasado Primer Premio de Poesía Juan Carlos Onetti, el máximo galardón en Uruguay. Esa obra fue trabajada minuciosamente en mi clínica de obra.

Siempre sentí que Uruguay era para mí la tierra prometida. Lo sigo sintiendo. Que algo me espera ahí y la vida me fue poniendo en contacto con artistas de ese país. Mi mirada está puesta ahí. Mencionabas mi parsimonia. Yo no la advierto, te aclaro. Si yo soy parsimoniosa, los uruguayos lo son aún más. Siento una familiaridad grande. Me siento más próxima a ellos que a la Argentina. Llegará el momento en el que quizá se cumpla mi máxima utopía que es la de no pertenecer. Así como te hablé del efecto de escribir desde la inexistencia, mi máxima utopía es la desaparición total y la no pertenencia a ningún lugar y a ningún tiempo. Ya no soy escritora tucumana. No quiero ser escritora argentina tampoco. No quiero nada de eso.

En cuanto a lo de Figuritas difíciles, creo que todos somos iguales en tanto que mortales, querido Marito. Entonces no tiene sentido tratarnos de otra manera.

LINO: Mi nación no tiene cruces ni banderas dice Fito en Tres agujas

MARÍA BELÉN: Ni religión. Las ideologías me han decepcionado por igual. Creo en el ser humano. He visto una pregunta que les hacés a todos los escritores que entrevistás, sobre el futuro de la lectura. La pregunta me causó una fuerte conmoción. Creo que al pensar en el niño lector nos olvidamos de otros atributos y aptitudes que también configuran a ese humanito. Aspectos espirituales completamente descuidados. Está muy bien que aprendan a leer y escribir. Esto no es un llamado al analfabetismo. Para nada. Valoro absolutamente la alfabetización pero siento que no podemos descuidar esos otros aspectos.

Recuerdo un programa de alfabetización para adultos que se transmitía por Radio Nacional y que mi abuelo Lucho y yo escuchábamos mientras aprendíamos juntos. En esos momentos éramos compañeros de pupitre. Es importante aprender a leer y escribir. Pero hay algo más…

LINO: Te refieres a las condiciones materiales, ¿no?

MARÍA BELÉN: Me refiero a las condiciones espirituales que están bastante olvidadas. Si queremos buenos escritores cultivemos niños que valoren la vida. Para mí por ahí va la cosa. Si querés un buen escritor, cultivá al niño desde el amor, desde el respeto. Si escribe con errores ortográficos o no comprende un texto, ya habrá tiempo para corregir y comprender. Eso es todo, Marito.

LINO: Tengo un sesgo de psicólogo también te tengo que decir. Veo a los cinco de un curso de treinta que de alguna manera tienen dificultades. Entonces tengo que tener cuidado de no generalizar. No es el afán caer en el alarmismo así que te agradezco la riqueza de tu visión.

MARÍA BELÉN: Yo te agradezco a vos.

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