Elena es una renombrada poeta, una lectora tan pero tan profesional que desde hace bastante que es convocada para integrar los jurados de muchos concursos, incluso fuera del país. Estamos acá para hablar de su obra escrita y también de esa otra más bien performática que es la de ser jurado.

LINO: Está a punto de llover acá. Hace un calor selvático. Súper húmedo (N. del E.: es 18 de febrero de 2026 y hablamos por la vieja llamada telefónica en tiempo real).
ELENA: Acá está tremendo. No se puede estar. Es una cosa increíble el calor que hace.
LINO: Y viene el agua pronto, ¿no? Viene así, alternado.
ELENA: Ha caído granizo hace rato en algunas partes de la sierra. Pero no sabemos acá qué onda. Cuándo va a llegar la tormenta.
LINO: Sabes que aquí en Santiago ha cambiado el clima. Veo incluso el yuyo más verde. No era así. Hay más nitrógeno en el subsuelo. Llueve con mayor frecuencia. La tierra absorbe diferente… Es el desmonte que llega hasta acá. Antes era diferente.
ELENA: Ah, mirá.
LINO: En los veranos llovía dos veces en todo enero y chau. Esa era toda la lluvia que caía en el año en Santiago del Estero. Ahora llueve en cualquier estación, en noviembre del 25 hizo frío y llovió, una rareza. A donde estás vos ¿sigue igual el clima que cuando eras chica?
ELENA: Particularmente en una zona que está acá cerquita, ha habido mucho desmonte. Pero mucho. Y hemos tenido por lo menos uno o dos años incendios forestales graves. Así que acá los incendios están a la orden del día. Siempre los hay, con los desarrollistas inmobiliarios, por decirles de alguna manera muy simpática. Es un problema para nosotros, y para la Patagonia y para muchos lugares. Acá ha habido mucho desmonte y ha subido mucho la temperatura. Hay menos monte nativo. Un 10% creo. Y eso crece de a poquito. Lleva muchos años reponer. Cuando se intenta reponer se sigue quemando. Así que bueno. Es una desgracia en todo el país.
LINO: Sí. La inocente pregunta sobre el clima como rompehielo para la conversación mira dónde nos lleva. La conversación de taxi.
ELENA: Sí, jaja. La típica, ¿viste?
LINO: No se puede ni hablar del clima para romper el hielo ¿te das cuenta?
ELENA: Es lo que hay.
LINO: Empiezo mencionando algo que pensé y que no supe dónde colocarlo porque pensé preguntas para Elena la autora y para Elena Su Señoría miembro del jurado. La alusión al animal, no sólo en La casa de la niebla sino también en Curva de remanso y en Tabaco mariposa ¿puede pensarse como una insistencia con esos bichos que siempre están ahí para ser estando más que para representar? Iguana, perro, sapo, paloma, pez, lagarto, serpiente, conejo. Le hace pensar a uno en la animalidad de lo humano. Diego Colomba dice en el prólogo de Curva de remanso que tu escritura aborda la dimensión misteriosa del mundo, ¿será que va por ahí? ¿tomando a los animales como aliens muy raros y en extensión sumando a la humanidad a ese dominio? ¿qué pasa con esa relación con lo animal?

ELENA: Hay un efecto que proviene del nombrar. Cuando hay poesía, sobre todo una poesía que ofrece cierto extrañamiento, para que el lector vea o los perciba a la luz de una anécdota que implica ese artificio del extrañamiento, pues los animales y las cosas nombradas, los objetos nombrados ahí, y los paisajes, se vuelven extraños también. Creo que por eso Diego alude a esa dimensión misteriosa de la poesía. Esa idea de que el animal puede ser un símbolo de algo que nosotros no terminamos de conocer. Quizá porque estamos acostumbrados a verlo. O quizá porque los hemos nombrado y conceptualizado, los hemos metido en categorías. Eso hace el ojo. El ojo califica. El ojo categoriza. El ojo pesa. El ojo dimensiona. Entonces lo que resulta de ahí es introducir aquello que es de todas formas incognoscible en categorías que nos tranquilizan, que nos dejan en paz. Conceptualizar seres y objetos que terminan siendo a todas luces incognoscibles, insondables, pero que lo siguen siendo aún si nosotros lo ponemos en palabra. La palabra es un hecho cultural. La oración es un hecho cultural. La poesía es un hecho cultural. La poesía trabaja mediante esta suerte de artificio de volver extraño aquello que es extraño…
LINO: Jajaja
ELENA: Devolverle mejor dicho ese extrañamiento a las cosas primeras. A las cosas de todos los días. Es cuando se llega a esta dimensión misteriosa. A la versión más verdadera del ser. Esta que vos decís “ser estando”.
LINO: Claro, porque no son los animales como símbolos, sino que son ellos mismos. Están ahí. El conejo no está en tu poesía para salir del sombrero del mago. No.
ELENA: Claro.
LINO: Está para estar reproduciéndose, ahí, en las sombras, moviendo la nariz.
ELENA: Me parece que funciona en los dos sentidos. Funciona como arquetipo, funciona como símbolo o como metáfora, pero debe funcionar como aquello que es en sí mismo. Como dice la canción una rosa es una rosa ¿pero qué es una rosa? Aquello que decía Nietzsche también en ese pequeño ensayo que se llama Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral: si repartimos la palabra tigre entre cien personas es muy probable que cien personas tengan una idea distinta de tigre. El tigre es un símbolo, un arquetipo, pero también algo inacabado. Un sujeto, un ente misterioso para nosotros.
LINO: Ese texto que mencionas del Nietzsche joven filólogo es muy difícil de leer, ¿qué andas haciendo renegando ahí Elena? (N. del E.: El entrevistado es curioso también y varias veces lo intentó y todavía no entiende ni jota de ese texto)
ELENA: Y bueno viste cómo es esto.
LINO: Jajaja
ELENA: Todo bicho que camina va a parar al asador dicen. Ahí andamos leyendo un poco de todo.
LINO: ¿Qué le sugerirías a alguien que intenta con la poesía pero que le cuesta? Ya sea leer o escribir.
ELENA: Creo en esto, Marito. Y lo voy a decir a riesgo de no ser políticamente correcta. Porque una respuesta políticamente correcta sería: que lo intente, que siga leyendo, que vaya y pruebe con distintos autores. Pienso en esto: hay lectores para narrativa y hay lectores para poesía. Hay lectores para textos científicos. Hay lectores para textos académicos. Así como hay gente que gusta de la música clásica, gente que gusta del reggaetón, gente que gusta de la cumbia y gente que gusta del tango. Imponer una forma de leer cierto género me parece en mi experiencia o en mi propia forma de lectura, que es someter a los lectores a un acto violento y pedagógico en el mal sentido de la palabra.
LINO: Uhum.
ELENA: Prefiero que aquellos que tengan cierta inclinación por la poesía lleguen. Van a llegar sin duda. Y aquellos que gusten de ambos géneros, de la poesía y de la narrativa, pues llegarán por vías conocidas o esperadas. Aquellos que solamente quieran leer textos académicos seguirán leyendo eso.
LINO: Tan cuidadosa que sos con la palabra para que yo ponga NI LO INTENTEN jaja
ELENA: Jajaja no. Una cosa es el lector que se afana en leer poesía.
LINO: O escribir una también, ¿no? Escribir una con el corazón en la mano.

ELENA: ¿Con el corazón en la mano? Siempre se escribe con el corazón en la mano. El acto de escritura siempre viene de una gran alegría y una gran desconexión de lo que es el tiempo cronológico. Si digo que la alegría es un afecto o un ánimo, una forma de pensarlo y de sentirlo al mundo, entonces sí. Se escribe con el corazón. Se escribe con la cabeza. Con las estructuras heredadas, de lenguas, de hablas, de música, también hay algo ahí de lo que uno puede escapar. ¿Cómo uno se ha manejado en el habla o como el habla lo maneja a uno? Nuestra lengua tiene una manera de comportarse a la del alemán, el griego o el italiano. Quizá el italiano, el portugués sea lo más cercano que podríamos tener al español.
LINO: Cada idioma una clave de pensamiento.
ELENA: Es una clave, sí. Es una forma de pensar, de abordar el mundo, las estructuras. Incluso de provincia a provincia, entre pueblos hispanohablantes hay maneras, hay cadencias, hay formas de conectar con ese mismo idioma también. La poesía tiene un anclaje particularmente más en el habla quizá, ¿no? En la forma en que uno está conectado con su propia habla, con su propia musicalidad, con su propia forma de entender las palabras. Y cuánta profundidad tiene en el manejo de las palabras también. Cuánto puede desentrañar de su propia poesía. Cuánto puede corregir en eso que ofrece a un lector.
LINO: Ahí te arrimas a lo que yo quería decir con lo del corazón en la mano. Que escribe mal. Que se ahoga en lugares comunes y sigue intentando y ahí viene.
ELENA: Yo no diría que hay mala escritura y buena escritura. Hay una más efectiva en el hecho de llegar al mensaje que se quiere transmitir. Cuando las personas que escribimos estamos conectados con nuestra intención y sabemos qué es lo que estamos diciendo, cuál es nuestra intención al expresar eso, pues ahí sabemos que nuestra escritura no es solo un hecho del corazón. No es solo una cuestión de poner sobre la mesa los sentimientos más íntimos, más privados, sino que volverse sobre esa escritura y ver qué tan cercano está ese acto de inspiración más puro, entre comillas, más ingenuo, más inocente, a lo que nosotros queremos decir. Pienso que va por ahí.
LINO: El problema con la intención es que no se la puede ver, sino intuir, leer entre líneas.
ELENA: El problema es que hay mucha gente que escribe y no sabe qué escribe. No sabe qué está diciendo realmente.
LINO: Um.
ELENA: Porque, por ejemplo, las implicancias que puede tener no solamente una palabra, un verso, el uso de los tiempos verbales, el aspecto de los tiempos verbales, un aspecto orativo, un aspecto terminativo, el uso de una coma, el uso de un silencio, o un aspecto fonético de las consonantes por ejemplo. El uso de las vibrantes, o el uso de las sibilancias. Todo eso tiene que estar manejado. Tiene que saber porqué está ahí. Por qué está pasando lo que está pasando en tu escritura. Lo mismo cuando el sujeto lírico quiere expresar un tipo de sentimientos, o de ánimo, o de afecto. Tiene que saber porqué está ahí ese afecto trabajando. Cómo yo hablo de la nostalgia. ¿Pongo “estoy nostálgico”?
LINO: Jajaja
ELENA: Es probable que sea más efectivo el uso de una imagen. En este último tiempo estuve trabajando con una poeta que hablaba de que su padre estaba cabizbajo en una mesa y con un dedo dibujaba un camino de azúcar para decirle a la hija que necesitaba que ella volviera a su casa, a su hogar, o que no se fuera de su hogar. Ese hombre cabizbajo sentado en una mesa con una bandeja con un mate, es un hecho que puede parecer íntimo, privado, anecdótico. Pero en el marco de que una imagen englobante que habla sobre la migración. Ese hombre cabizbajo ahí en penumbras trazando con el dedo un caminito de azúcar, expresándole en silencio a la hija que vuelva, es un hecho nostálgico. Entonces no es lo mismo decir “el padre está nostálgico” que decir…
LINO: Jajaja
ELENA: Con esa simple imagen se traza el camino hacia el lector para que éste pueda desentrañar, empatizar con el sentimiento de ese hombre que está ahí frente a la mesa. Entender qué es lo que está sucediendo ahí. Puede ser también una forma de vincularse con la musicalidad de las palabras, una oración que va cayendo hacia el silencio, que empieza fuerte, con un golpe, con muchos acentos, con consonantes fuertes y de pronto se va diluyendo, se va haciendo más leve, más suave, se va yendo hacia el silencio. También habla de una cierta nostalgia, de una incapacidad del hombre que se encuentra con esa palabra y que se ansía y que no llega. O que el hombre decide que ya no debe llegar, o que es en vano decirlo, ¿no? Cada poema es un mundo. Cada palabra es un mundo. En algunos lugares esas palabras son más efectivas y en otros lugares no. No estoy en contra de ninguna palabra ni de ninguna categoría. Hay muchos talleristas que por ejemplo, voy a decir algo polémico, dicen: No. No hay que poner el yo, no hay que poner sentimientos. No hay que poner verboides. No hay que usar adjetivos. ¿Qué te ha pasado en la vida para que te molesten los adjetivos?
LINO: ¿Qué te han hecho los adjetivos? Seguro que si es un narigón cejijunto petiso y orejudo podemos entender qué le hicieron los adjetivos.
ELENA: Jajaja. Bueno, puede que funcione de acuerdo al contexto. Si alguien dice “es un narigón cejijunto petiso y orejudo y me tiene enamorado” puede que funcione en un poema irónico.
LINO: Claro.
ELENA: Puede que en otros contextos no funcione. No estoy en contra de ninguna palabra, ni siquiera de aquellas que recortan un registro más ilustrado, ¿no? Los que se pelean por tener que decir cara y no rostro. Pero no. Porque cara no está suplantando a rostro. Cara y rostro son dos palabras que se usan en contextos distintos para decir cosas distintas. Cara me suena a que se refiere a un aspecto físico mientras que rostro tiene otra resonancia, no sólo que alude a lo físico sino a lo emocional, lo espiritual o intelectual. Entonces esas palabras están ahí por algo. El español es riquísimo y necesitamos buscar esas palabras. Es llevar agua para un molino muy pobre. Es reducir las palabras que son potables a la hora de escribir poesía.
LINO: Capaz como ejercicio para trabajar los lugares comunes. ¿Cómo ser original con el concepto de corazón? Capaz sea un juego de lenguaje más original decir quiero comer tu corazón que decir quiero conquistar tu corazón.
ELENA: Eso lo decidirá cada poeta. En lo que se refiere a transgredir las formas originales ya todo está dicho. Las vanguardias ya hicieron todo. Con el dadaísmo y el futurismo por ejemplo. Las vanguardias han hecho lo que han querido con las palabras y las formas. Siempre le digo a la gente que trabaja conmigo que para ser vanguardista, para matar a los padres, primero hay que verles la cara y haber estudiado…
LINO: ¿La cara o el rostro?
ELENA: Jajaja, en ese orden. Hay que haber podido llegar a profundizar en la poesía de los padres literarios. Saber por qué han tenido esos comportamientos lingüísticos, y por qué han hecho esas rupturas y han escrito de la forma que han escrito. Para decir soy rupturista… bueno, cualquiera puede echar a perder un poema ¿no? Primero hay que hacer un trabajo profundo de estudio. Vuelvo a tu pregunta sobre qué le diría al que quiere ser poeta: que lea mucho. Que lean mucho y de todo. Que no caigan en modas literarias. Hoy todo el mundo está leyendo a las norteamericanas cuando acá… No digo que no lean norteamericanas, porque hay literaturas profundas y misteriosas, lo que vos quieras. Pero por favor no queramos escribir… yo soy cordobesa y no puedo pretender escribir como una poeta neoyorquina, porque no se puede eso. Hay que estar muy bien aferrado a tu propia identidad para poder dar el salto a lo universal. Desde la mera réplica o desde la copia no vamos a ir a ningún lado. Te vas a quedar en un lugar vacío.

LINO: Un poco que va para ninguna parte la moda, ¿no? En cambio tus gustos sí que se pueden explorar. Si te vas dejando guiar por el mercado…
ELENA: La verdadera lucha es contra uno mismo, contra nuestras propias limitaciones, contra nuestras propias maneras. Hay muchos escritores que lo hacen muy bien y una vez que encontraron una veta fiable y comercial, se estancan ahí y no se mueven. El arte no tiene que ver eso sino con poder llegar a un lugar de cristalización pero no para dormirse allí sino para seguir ahondando y rompiendo con uno mismo, con lo que uno ya tiene aprendido y poder volverse hacia sus propias limitaciones y seguir avanzando. Hay que seguir leyendo, estudiando, cultivándose, y eso es lo que hace un escritor para mí.
LINO: Qué lindo y qué humilde lo que dices. Viene bien para estos tiempos gritones.
ELENA: Pienso que la escritura debería ser un acto de mucha humildad. De mucha escucha sobre todo. Uno no se queda con lo dado cuando escribe. Esto que hablábamos al principio, sobre lo misterioso, ¿cómo llegamos a darnos cuenta de que aquello que está frente nuestro no es una simple oveja sino que es algo más? Algo completamente incognoscible. Y porque nos hemos hecho muchas preguntas en el medio que nos llevó a la idea de que creer que conocemos es un acto bastante vanidoso. Cuando afirmamos una verdad sobre algo en realidad estamos clausurando cualquier posibilidad de seguir conociendo, de seguir ahondando en ese ente que está fuera nuestro. O que es una extensión de nosotros mismos. No lo sabemos. Para escribir tiene que haber preguntas sobre el mundo, sobre uno mismo, sobre la muerte, el amor, la existencia. Sobre el espíritu, sobre las palabras. Cuando uno se clausura no hay manera de avanzar.
LINO: Se acabó el aprendizaje.
ELENA: Se acabó. No hay más nada para vos. Nada en tu poesía y a nivel humano tampoco. La poesía es una forma de conocimiento. El conocimiento se logra dejando caer aquello que uno cree que son verdades impolutas y poniéndolas por lo menos en duda: ¿Es esto una verdad o es esto lo que aprendí? ¿Es esto lo que necesitaba para sostenerme en esta situación de inestabilidad que es el mundo?
LINO: Cuando decías lo del caminito de azúcar pensé: menos mal que es poesía y no antropología. Que es algo que dice Naxxira leyendo a Pizarnik, a su famoso poema 23, que menos mal que no dijo lo marginal también es válido, chicos, ¿eh?, en lugar de decir una visión desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo. Que no dijo la belleza es contemplativa, chicos, así que no me arranquen las flores en vez de decir la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos. Hay algo del modo de aludir.
ELENA: Claro. Cada uno a su aire.
LINO: Vienen las preguntas para Elena Su Señoría. ¿Te preocupa que ciertos procedimientos se vuelvan fórmula premiable? ¿Sería eso posible?
ELENA: No lo sé. No sé si se me preocupa el premio.
LINO: Quiero decir: que algo se vuelva estándar, moda.
ELENA: Siempre va a suceder. No sé si tiene que ver con los procedimientos o con la forma de pensar la poesía. Moda es lo que pasa. Sobre los premios me parece que en Argentina hay poquísimos premios y pensar en escribir solamente para agradar a alguien que está afuera de mí es un planteo bastante pobre respecto de la poesía. La verdad es que la poesía en competencia ya es un absurdo. Quien premia siempre está buscando algo que además tiene que coincidir con dos, tres o veinte jurados. No me ocupo ni me preocupa eso.
LINO: No sé si es posible pretender canonizar y lograrlo. Sí que sucede. En tanto jurado ¿cómo piensas al asunto de la “custodia de un estándar”, que sería más bien conservador, o de la apertura de grietas en el campo literario, que sería más rupturista?
ELENA: Cuando estuve en la posición de jurado tenía presente más que nada ideas sobre la revelación más que nada. Hay libros exquisitos que están mal escritos. Y hay libros que están bien escritos y son malos libros de poesía. Porque independientemente del cuidado que se tenga en las formas, hay libros que revelan cosas al lector. Uno consigue participar de esa visión del mundo que tiene el otro cuando lo lee. En cambio hay poemas que en lo estructural, en su forma, están muy bien logrados pero que en lo que revela no dice absolutamente nada, no aporta, no suma, no abre. Entonces quizá, respondiendo a tu pregunta, estaría más de acuerdo con la grieta, pero no como vanguardia, como ruptura de lo viejo, sino como posibilidad de revelar algo al mundo que para mi noción del mundo no estaba ahí antes de leerlo. En ese sentido me interesa la grieta.
LINO: Ahora la pregunta para Elena antologista de una generación a la que pertenece. A lo Russell lo problemático aparece con la autoreferencia. ¿Pertenece o no pertenece Elena a ese conjunto? Hablo sobre Poetas argentinas (1981-2000) (N. del E.: que Elena compiló y Del dock editó). Qué desafío el de antologar una generación a la que se pertenece, ¿no? Por unos añitos quedarías fuera del intervalo pero conceptualmente se te puede incluir como exponente de la poesía joven o contemporánea, has visto como es el temita de la juventud en la literatura. Seguro que habrá un arco de emergentes hasta otras que vendrían con mayor obra y mayor tiempo de producción. ¿Sientes a tu selección como una toma de posición?

ELENA: Cuando estaba trabajando sobre la antología me preguntaba qué cosas yo tenía que antologar de esta generación y de estas escritoras que participaron de la convocatoria. Me pareció que más que leer una a una, yo tenía que leer en forma sistemática. Leer a todas primero. Después ver qué había de referencia a lo generacional. Ahí sí encontré que una de las grandes marcas era la autoreferencialidad, que siempre es también algo engañoso. Decir yo en el poema es referir a un yo lírico, que es bastante fantasmal. Me parecía que esa vuelta, esa búsqueda de la historia familiar, de las mujeres en la familia. Fijate que hay muchas escrituras en la antología que hablan de madres, hermanas, abuelas, de sí mismas. Eso es un síntoma de la época. Volver a pensar la genealogía de lo acontecido desde el lugar de lo femenino. Esto también es una marca de época. Volver sobre sí misma para ordenar este caos en el que vivimos. Este caos en el que los programas colectivos, los relatos colectivos basados en el progreso infinito, en los avances científicos. De pronto esos relatos empezaron a caer y sólo quedó el individuo desnudo ante sí y en búsqueda de algo. Esa vuelta hacia sí mismo, y de repensar ciertas ideas consensuadas, por ejemplo sobre la maternidad, volver a pensar a la luz de las experiencias de esta generación. Eso es algo que recorre muchas experiencias de la escritura de las poetas antologadas en ese libro. Como marca que sobresale, porque también es un giro dentro de lo que venimos diciendo, está la poesía de Adela Busquet, que es una filósofa que rescata los registros orales de las mujeres de Latinoamérica que han sido violentadas a través de programas eugenésicos, no solo en el seno familiar, que han visto en la mujer un lugar físico y simbólico donde atacar a las mujeres aborígenes. A las mujeres que decidieron vivir la maternidad de otra manera. Ahí hay un giro más universal. Hay marcas de época y las fui pudiendo descubrir a medida que iba haciendo esta lectura.
LINO: De conjunto, más de que de detalle, de visión del collage completo.
ELENA: Sí. Cuando uno hace una antología no se hace un rejunte. Sino un muestreo, que como todo muestreo es subjetivo, porque yo trabajé sola además. No hay manera de que ese no sea un registro subjetivo.
LINO: No se puede responsabilizar a nadie más.
ELENA: No.
LINO: Ni a los editores.
ELENA: Ni quiero eso tampoco. Me siento muy orgullosa del trabajo que hice. Porque lo hice a conciencia, con gusto. Porque lo hice con mucha responsabilidad. Después se leerá lo que se quiera leer. Eso ya no me corresponde a mí. La búsqueda estuvo y estuvieron las preguntas y las respuestas.
LINO: Qué lindo lo que dices, porque pasaron unos añitos ya. Y a uno le puede surgir una pequeña disconformidad. Por ahí con una pelotudez, ¿has visto? Que en el lomo no sé qué cosa.
ELENA: Una de las críticas que se le hizo a la antología, y la tomo, la asumo, es esta cuestión de que de alguna provincia había mujeres antologadas y de otra provincia una solita.
LINO: Jajaja. Eran las tías de esas solitas las que se quejaban.
ELENA: Y que eso iba en contra de cierto federalismo. No se tuvo en cuenta que hay, por ejemplo, poetas porteñas que viven en Mendoza, poetas mendocinas que viven en el Chaco, y poetas chaqueñas que están en Córdoba. La manera de pensar la región y pensar el federalismo es algo bastante mentiroso y que intenta acallar conciencias: de cada provincia voy a poner dos poetas.
LINO: Terminas cubriendo cupos. Y necesito que sea una mujer y un varón.
ELENA: Por ejemplo. No estuve buscando poetas por provincia. Los límites geográficos son bordes muy inestables. A veces hay poetas de la Patagonia o del norte que son más porteñas que las mismas porteñas, entonces…
LINO: Nos pienso como un continente plurinacional. Es cierto que los límites son rayas sobre un mapa colgando en la pared. Pero hay naciones culturales. A 80 kilómetros de distancia una de otra.
ELENA: Es que también: ¿cómo se forma una poeta? ¿en qué talleres? ¿con quién corrige sus poemas? ¿con quién habla? ¿en qué conversaciones participa? ¿quiénes son sus referentes? ¿en quién deciden proyectarse? Hay un montón de decisiones en el medio que no tienen que ver con el lugar de donde naciste vos. Me parece que pensar la poesía en relación al lugar donde nací yo, que nací en Oncativo, sería una cosa absurda, que empequeñece. No lo sé. Esa soy yo.
LINO: Y te subalterniza en un solo gesto. Las etiquetas de regional, provincial.
ELENA: Me parece una boludez pensar que la tonada, o lo neutro, o lo hegemónico existe en Buenos Aires y los demás somos copias mal hechas jaja
LINO: Lenguas menores. Los santiagueños lo sentimos también. Que hablamos mal. A ver decí perro. Perro, perro. Ah jaja cómo dice las erre.
ELENA: Jajaja, claro. Todo esto hay que pensar más desprejuiciadamente. Sí creo en las regiones. Por ejemplo, cuando era chica, La pampa estaba dentro de la región centro. Ahora resulta que es parte de la región patagónica. ¿Qué tendrá que ver la pampa con la Patagonia?
LINO: La fertilidad de la tierra.
ELENA: Estas cosas hay que preguntárselas sin animosidad, y sin estar todo el tiempo enojado. Los escritores se enojan mucho. Y por cualquier cosa.
LINO: Está bien. Hay que enojarse.
ELENA: Sí, pero por cosas que valen la pena. Para las otras cosas hay que poder hablar. Para eso somos personas que trabajamos con la palabra y no con las trompadas. Si fuéramos policías trabajaríamos con palos. Pero somos escritores entonces creo que hay que pensar un poquito más.
LINO: Hemos llegado al tiempo, ¿será que te pueda robar unos minutos más?
ELENA: Sí, cómo no.
LINO: Hoy en día se escuchan muchas visiones pesimistas. Que los estudiantes de grado no tienen comprensión lectora. Que la pandemia es como un cometa que pasó y nos dejó la estela. El que pasó de segundo a tercero sin leer, y luego de cuarto a quinto y así. Hace poco me encontré con una lectura de vaso medio lleno, de una periodista especializada en comunicación de tecnología, Gala Cacchione (N. del E.: encontrarán la entrevista en la sección Fuera del tarro) que ella dice: Es fuerte decirle a toda una generación que no sabe leer. Como si tu papá te dijera que no sabes escuchar tango. Hacer hincapié en lo que no hay. En la visión de Gala, llegarle a las personas por la negativa tal vez no sería la mejor de las ideas. No hablarles de lo que perdieron, sino de lo que se puede ganar. Te quiero preguntar ¿cómo la ves?
ELENA: Que bajen a territorio. Que vean la cantidad de chicos que están escribiendo, jóvenes que están produciendo. Para mi generación, tengo 47 años, cuando era joven existía la idea del libro físico como la llegada a una legitimidad. Uno pensaba en el libro como el acceso a cierta legitimidad de escritor. En cambio hoy, esta generación de chicos más jóvenes que vienen atrás nuestro, creo que no están pensando en el libro físico. Están pensando en otras formas de relacionarse. Otras formas de pensar la discusión sobre literatura, sobre poesía, sobre cómo vincularse con otros.
LINO: La llegada al público, ¿no?
ELENA: Otras formas de llegar al público. Tengo amigas y amigos que trabajan en docencia en la escuela secundaria y tienen talleres preciosos. Me muestran contenido de chicos de catorce años en adelante que escriben maravillosamente bien. Que les gusta leer. No a todos les va a gustar leer o escribir.
LINO: Como siempre ha sido. Un hábito de ratón de biblioteca, de freak, de inútil para los deportes.
ELENA: No sé si es eso. Por ejemplo para citar un caso cercanísimo. Mi marido es ingeniero civil y es una de las personas más inteligentes que conozco. No tiene ninguna relación con la poesía pero en lo suyo es excelente.
LINO: Claro.
ELENA: Quitarle al mundo un deportista para hacerlo poeta. O quitarle al mundo un poeta para hacerlo médico o deportista me parece un absurdo.
LINO: Sí, total.
ELENA: Y bueno (dice cómo diciendo y entonces para qué preguntas). Que bajen a territorio, que escuchen a los chicos, que escuchen sus intereses, que escuchen cómo piensan. Justo ahora la hija de una amiga muy querida acaba de escribir con catorce años su primera novela.
LINO: Una bestia.
ELENA: Esa novela es exquisita. Entonces no. No estoy de acuerdo y me da pena la gente que se deja embaucar por esas opiniones, y cree que todo está mal y que todo es pésimo. Habrá que ver si hay otras formas de acercarse al texto más largo o más corto o más fragmentario. Eso es cierto. Es probable. El uso de las redes influye mucho. La forma en que te relacionas con un texto largo y un texto corto. También pasa en nuestra generación. Quizá si ves en Facebook o en Instagram un texto más bien largo no tengas ahí la paciencia para leerlo o esperarlo como cuando te sientas con un libro.
LINO: Una disposición para la lectura.
ELENA: Disposición para la lectura. Quizá sí encuentre hoy una urgencia, que no estaba en mi generación, por publicar. Por llegar a algún lado. Me ha tocado escuchar a chicos y chicas de veinticinco años decir que tienen una obra consolidada.
LINO: Jajaja
ELENA: Les doblo en edad y no siento ni por asomo tener una obra consolidada.
LINO: Eu, hace rato te presenté como referente de la poesía joven. Estas en esa vos todavía, sos changuita.
(silencio)
ELENA: No, yo tengo…
LINO: Una promesa. Sos una promesa todavía jaja
ELENA: ¿Una promesa? Jaja. Bueno, mejor. Todavía tengo tiempo.
LINO: Me ha encantado la conversación. Gracias por la palabra y la disposición. Me has hecho pensar en muchas cosas. Mientras decías lo del soporte libro sí que pensaba y te tengo que decir: sí que hay jovencitos que siguen creyendo que publicar, aunque sea en Dunken o en una empresa de servicios editoriales cualquiera o una imprenta que ese día diseñó carteles de cumpleaños y vendió afiches, trae una garantía de algo, un acceso a algo, que el libro sigue siendo un objeto cultural de consumo con ciertos privilegios. La prisa que vos comentabas por acceder a ese algo. Hablar de libro a publicar antes que de obra a trabajar. No sólo en neófitos. Por ejemplo si vos quieres ahora averiguar sobre inteligencia artificial o ingeniería genética tal vez es un libro el que tengas que leer. Un libro que compile artículos. Todavía es el objeto privilegiado.
ELENA: Es que en nuestra generación no había forma de elegir. Era el libro o el libro. La cuestión del fetiche a la que me refiero es la de llegar a cierta legitimidad con el libro. Hoy los chicos pueden elegir cómo llegar a esos lugares. Me tocó participar por ejemplo en encuentros por medios virtuales de poesía, por plataformas, donde se conectan doscientas personas. Eso ni lo soñamos en una lectura convencional en un bar.
LINO: Claro.
ELENA: Ahí hay algo también para pensar.
LINO: Muy buenas tus palabras. Te mando el link cuando esté y te pido una foto mirando al frente, si es con cara de mala mejor, para las figuritas que armamos. Ya te mando unita de ejemplo.
ELENA: Bueno. Dale. Gracias. Un beso.
LINO: Otro para vos. Chau, chau.
ELENA: Chau, chau.


